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DIARIO DE UN CURA:

Las chicas no son guerreras. Los chicos tampoco.

Esta mañana encendí la radio, no sé qué emisora, y sonó la canción:

“Las chicas tienen algo especial, Las chicas son guerreras…”
         Pero no es así. Lo normal es que, a pesar de esa vieja canción, los chicos y chicas estén en contra de la guerra y de la violencia. Puede haber momentos  en los que cualquiera pierde el control  y se llena de ira. Pero no, las chicas no son guerreras. Ni los chicos tampoco.

No tiene sentido buscar la solución a ningún problema político o familiar  con métodos violentos.  Y, sin embargo, ahora mismo, enero de 2022,  algunos políticos están dispuestos a sacrificar lo más importante, la vida de otros, no la suya, por defender unas ideas o unos intereses propios.

Me gustó esta frase que me envió Paco: “La guerra es un lugar donde jóvenes que no se conocen y no se odian, se matan entre sí, por la decisión de viejos que se conocen y se odian, pero no se matan” (Erich Hartman).

Llevo varios días en los que, en mi oración,  recuerdo a Ucrania, a los jóvenes de allí o de cualquier otro lugar  que no merecen que nadie les mande a matar. A los jóvenes hay que enviarlos a hacer el bien, a ayudar, a colaborar.

 Fabián, un chico de Ingenio que ahora estudia en Tenerife  me comentaba que está en contra de toda guerra y la importancia de evitarla con el  diálogo y una actitud tolerante. Todos hemos sido violentos alguna vez, me recuerda.  Y la medicina  para evitarla debe ser la calma, el respeto, la empatía , en resumen la verdadera humanidad.  

Algo así me contaba también Verónica. Y me preguntaba en un correo  si había alguna institución en donde pudiera  dedicar algún tiempo de su  vida a sembrar el valor de la paz y la concordia. Me hablaba de ser misionera o cooperante con alguna ONG de ayuda humanitaria.

-Claro que sí que las hay, le respondí. Y le animé a empezar ya en cualquiera de los colectivos  que hay en nuestras islas  y en las parroquias donde se intenta trabajar por la igualdad y por el respeto a todas las personas.

Verónica no es guerrera. Tampoco lo es Fabián. Ni Inma, ni Hermi, ni Fran, ni Juan Jesús.  Ni Loly, ni Carlos, ni Candela, ni Dámaso, ni Lourdes, ni Pepe, ni Toñi, ni Isa.  Ni Fefi, ni Sergio, ni Luis.  

Qué suerte. Las chicas no son guerreras. Ni los chicos tampoco.

 

Escribe Paco Mira:

DE REYES Y EL BAUTISMO= ¿BIOGRAFÍA, AUTOBIOGRAFÍA, DIARIO?

 

 Espero que la subida de la luz, no haya empañado a LA LUZ. Todo el mundo preocupado por el aumento del precio del kilowatio, yo el primero, y para los cristianos LA LUZ es gratis. Creo que consumimos, últimamente, poca de esa luz. Les confieso que es una pena, porque es una luz que no se apaga nunca, alumbra más de lo que esperamos y siempre está dispuesta a alumbrar al que lo necesite.

El día 6, el día de la ilusión infantil y senior (para qué negarlo), la LUZ alumbró a los de lejos, a los extranjeros ya que no hace mucho se nos recordaba que la luz vino a los suyos, a los de aquí, y estos no lo recibieron". Los Magos acudieron a la manifestación de Dios; sin dudarlo se pusieron en marcha, en camino y no pararon hasta encontrarlo tal y cómo los profetas lo habían anunciado: en la fragilidad, en la humildad, de un niño. No atendieron a otras ofertas (Herodes, por ejemplo) que en su tiempo se daba: vieron, creyeron y continuaron anunciando lo que habían visto y oído. ¡Qué fácil les resultó y qué difícil nos resulta!

Yo me imagino que todos sabemos lo que es una Biografía o autobiografía. Es decir: alguien que escribe sobre nosotros o que nosotros escribimos sobre nosotros mismos. No crean que es fácil, ¡hagan la prueba!. Y no es fácil porque ser objetivo con uno mismo, me resulta harto complicado. Hablar con sinceridad, reconocer nuestros errores, saber que hemos metido la pata y encima escribirlo y publicarlo, pues ya ven.

Quizás si lo escribe otro (biografía) puede resultar más llevadero, pero escribirlo uno mismo (autobiografía), es más complicado. Hace un tiempo se puso de moda, incluso yo mismo llegué a hacerlo, el escribir un diario. Ir apuntando todos los días aquellos acontecimientos más importantes que nos iban sucediendo, con anécdotas, con chistes.... Pero también sigue siendo complicado, porque uno intenta justificar (injustificadamente) su propia vida.

Este fin de semana celebramos el Bautismo del Señor. Celebramos nuestra biografía cristiana o nuestra autobiografía. Si los demás tienen que escribir nuestra biografía cristiana ¿qué dirían de nosotros?; si nosotros tenemos que escribir nuestra propia biografía cristiana, ¿qué diremos de nosotros mismos?. Muchos seguimos siendo fieles a lo que Juan dijo vino a los suyos y estos no le recibieron. Nuestro Bautismo es la realidad fiel ante el mundo de la Natividad de Jesús. Las palabras se las lleva el viento, pero las obras son las que quedan y las que marcan la pauta ante nosotros y ante los demás.

El Bautismo, nuestra renovación bautismal, es un momento maravilloso para poner ante el altar, ante los demás y ante nosotros mismos nuestra realidad cristiana. Nuestra realidad de compromiso especialmente con los más pobres y necesitados. Nuestra realidad con una Palabra que se hizo carne y acampó entre nosotros. ¿No la notamos?. Parece ser que no mucho.

Pero quiero ser optimista, entre otras cosas, porque lo soy por naturaleza. La semana pasada compartía con ustedes que sí se puede y lo sigo creyendo. Podemos todavía aportar un granito de testimonio bautismal; podemos servir de semilla evangélica empezando por los más cercanos, por la familia. Podemos decir con voz alta, como Juan, no somos nosotros, pero detrás viene uno que no bautiza con agua y al que no podemos desatarle las correas de las sandalias.

Muchos nos hemos quedado en el bautismo de agua, en la época de Juan, no hemos visto pasar al que bautiza en el Espíritu. Amigos, empecemos de nuevo, siempre hay una segunda oportunidad.

     

         Hasta la próxima

         Paco Mira   

 

DIARIO DE UN CURA:

DELANTE DE UN CUADRO DE CAYETANO LLEDÓ

En casa de mis padres había un retrato muy grande  de Jacintita, alguien de la familia que ahora no sé quién podía ser. Sólo   que los pequeños de la casa le teníamos respeto y a veces miedo porque sus ojos nos miraban, desde donde quiera que nos pusiéramos.

Desde hace unos días tengo en mi casa un retrato bastante mayor que el de Jacintita. También me mira fijamente. Pero no le tengo miedo, qué va. Porque me hace mirar hacia adentro y descubrir lo que soy, lo que seré.

No tengo mucho de qué presumir pero ahora sí.

Presumo de tener un cuadro inmenso pintado en unos minutos por Cayetano Lledó un joven gallego que se subió al escenario,  hizo ilusionismo, puso humor y nos encantó a todos poniendo unos manchones en un lienzo de dos metros y en los que, que, poco a poco, iba apareciendo un rostro que se me antojaba igual que el mío.

Presumo de ser así como estoy viendo en el cuadro.

Y en esos momentos, con un teatro casi lleno de gente de mi pueblo y comprobando que de aquellos brochazos iba saliendo un rostro parecido al mío, pero mejorado, se mezcla un poco de vanidad, un mucho de vergüenza, un tanto por ciento de emoción… y  no sabes si levantarte y agradecer  o meterte debajo de la butaca…

Después pasan los minutos y pienso: Qué torpe estuve, podía haber dicho unas palabras, pero sólo me limité a sonreír y ya más tarde, en privado,  agradecer al  artista, Cayetano Lledó,  que, sólo con haber mirado unas fotos pero sin tenerlas delante,  sin conocerme,  ni haberme visto nunca, pudiera hacer un retrato en sólo 10 minutos de más de dos metros de alto.

Me sentí agradecido también   a José Antonio Sánchez que nos ofreció la oportunidad de disfrutar del trabajo en vivo de un pintor excepcional.

            Y ahora qué hago, con este inmenso cuadro que me mira a mí mismo y me está diciendo en cada momento cómo tengo que ser, cómo tengo que estar, cómo tengo que vivir. Ahí lo voy a dejar para que me siga mirando

 Ahora soy yo mismo quien me mira, ya no es Jacintita. A mí que nunca me miro al espejo, me hace recordar que sí hay que mirarse y verse más.  Y descubrir lo que ha ido cambiando en mí y lo que me queda por  cambiar. Que este rostro pintado en 10 minutos con tanta perfección  es el mismo que, lleno de imperfecciones,  se ha ido transformando en tantos años de mi vida.

Es momento de hacer una pausa y mirarme. Así lo dice Mario Benedetti:

 “De vez en cuando hay que hacer
una pausa
contemplarse a sí mismo
sin la fruición cotidiana;
examinar el pasado
rubro por rubro (trozo a trozo)
etapa por etapa
baldosa por baldosa
y no llorarse las mentiras
sino cantarse las verdades”.

 

Y yo me digo preguntando: ¿Lograré que la mirada cómplice de mí mismo haga mejorar el retrato de mi vida?

 

 

“Y cuando llegue el día del último viaje,

(digo ahora con Antonio Machado)
y esté al partir la nave que nunca ha de tornar,
me encontrarán a bordo ligero de equipaje,
casi desnudo, como los hijos de la mar”


Diario de un cura:

LIDIA TENÍA  HAMBRE

En cierta ocasión, me cuenta un amigo, paseando por la calle, vi en un rincón, aterida de frío y hambre, a una niña de apenas cinco años. Tenía la cara tapada con las manos y con las lágrimas. Aquella chiquilla de nombre Lidia, tenía hambre, y sobre todo, carecía de cariño. A mí el corazón se me desgarró y me enfadé contra Dios y le dije:

-¿Por qué permites estas cosas Dios? ¿Eres tú ese Dios justo del que se habla en las iglesias? ¿Por qué no haces nada para solucionar estos problemas?

Dios guardó silencio y yo me volví a mi casa. Cuando, después de cenar, me disponía a descansar, entonces Dios me contestó, no sé cómo, pero yo lo escuché esto:

       -Me decías que por qué yo no hacía nada por aquella niña abandonada. Y te digo la verdad: Yo sí que he hecho algo. Te he hecho a ti. Te he hecho a ti, y a otros, para que vayan a socorrer a esa niña y a otras muchas personas.

Ésta es la historia que suelo contar cuando alguien culpa a Dios de los males de este mundo, como si Él fuera responsable y no nosotros mismos que lo  permitimos, sabiendo que evitarlo está en nuestras manos.

Admiro a la gente que es consciente de que nosotros podemos evitar la mayoría de los problemas. Aunque nos resulte  más cómodo  echar la culpa a Dios, a la Iglesia o a  otras personas sin incluirnos nosotros.

Hace unos días, con motivo de Domund,  hablé  de  los misioneros que lo arriesgan todo por ayudar a personas que no son ni de su familia, ni de sus amigos, ni tampoco vecinos: Ellos dejan la tierra y la familia y  se lanzan a la aventura de compartir con otros lo que ellos recibieron en abundancia. Y recuerdo con gratitud a  los amigos de aquí que decidieron entregar su vida en América o África: Carmen Nieves, Hija de la Caridad, de la Isla de La Palma que trabajó duramente  en la selva de Bolivia  por salvar a niñas como Lidia; a Manolo Medina cura diocesano que no aguantaba el soplo del Espíritu que lo llamaba a América y se entregó al pueblo sencillo de Colombia; a Isidoro Sánchez que  ahora es cura de Castillo del Romeral y dio los mejores años de su vida en Nicaragua... Manolín Ramírez, sacerdote de  Ingenio que anda por Mozambique dando su juventud y su fe  con todas sus energías.   Y otros más, como  Inmaculada, de Firgas, que en Malawi sacó adelante un hospital para la gente más pobre y abandonada. 

        Y junto con ellos otros muchísimos jóvenes y adultos que un día y otro me hablan de sus ansias de hacer algo más por los otros.

Pero mi admiración por los misioneros de mares afuera o tierra adentro, cuestiona también mi vida:  

¿Y no puedo también ser misionero?

Muchos lo hacen   echando una mano aquí al ladito, en Cáritas, o Protección civil o Cruz Roja. Y otras muchas ONG.

Me emocionaba estos días viendo cómo la gente de nuestros pueblos, muchas de ellas con poquísimos recursos están  solidarizándose con  los afectados por el volcán de la Isla de La Palma. Es otra forma de ser misionero, tan evangélica como la de mis amigos que trabajan en América o en África. Benditos misioneros que se esfuerzan, cerca o lejos,   por los demás.

Dios, no eres Tú el culpable, estoy seguro.

Gracias a ti, esa niña de 5 años, Lidia,  aterida de frío y hambre, ya está siendo atendida. No fue necesario un milagro tuyo. Lo has hecho a través de los misioneros y misioneras de acá y de allá.  Cuando te culpamos a ti o a la Iglesia, es que, seguro, no hemos levantado un dedo para  ayudar a Lidia o a otros niños y niñas que esperan de nosotros lo que Dios nos dio.  


 

DIARIO DE UN CURA:

MI VECINA

Y LA VECINA DE JESÚS

Tuve yo una vecina, hace de esto bastantes años, que sabía de mi vida…bastante más que yo. A veces llegaba alguien a la casa parroquial, tocaba en la puerta y ella, que siempre estaba al acecho, se asomaba y le explicaba:

Él no está, ya salió hace una hora. Creo que está en la casa de los amigos que tiene una calle más abajo.

La cosa es que muchas veces acertaba y yo ni siquiera la había visto a ella desde hacía días.

Por cierto que  de los muchos vecinos y vecinas que he tenido, no recuerdo haberme quejado de ninguno. Al contrario, me siento muy agradecido a ellos.  Y además, casi siempre, he tenido cerca, además de a personas como Nenita, Isabel Teresa o Enma, al mismo Jesús, el Bueno, el de verdad,  porque en las parroquias he vivido siempre a pocos metros de la iglesia y por tanto del sagrario. Y eso me ha permitido verlo fácilmente, hablar con Él y sentirlo como un vecino más. .

Casualmente, uno de los libros que ya estoy leyendo  y que  me llevo a la playa  este verano es  “La vecina de Jesús”. Lo escribe Toño Casado. ¿Se acuerdan? El creador de 33 El Musical.  La vecina de Jesús, el de Nazaret, se llama Damiana.   Y es ella quien va contando con  bastante humor, lo que ve y oye de Jesusito como ella lo llama.  .Porque Damiana no entiende a la juventud y mucho menos las cosas de ese chiquillo de Nazaret que tiene a la gente revolucionada.

Me parece un buen libro para conocer a Jesús desde otra perspectiva. Porque el autor recoge  muchos momentos de su vida sgún los evangelistas. Pero también según la posible interpretación  de los vecinos cotillas, que siempre los hay y los había. El humor es una forma bonita  de transmitir  el mensaje de nuestro Maestro. Que nunca nos falte.

Y precisamente  otro de los libros que este verano llevo en el bolso  es el Nuevo Testamento. Normalmente me acompaña  siempre. Pero el de este año está recién editado y tiene interesantes novedades.  Es el “Nuevo Testamento. Una adaptación al lenguaje inclusivo y canario”.  Han colaborado en su edición teólogos reconocidos de nuestras islas como Juan Barreto, Felipe Bermúdez o  Antonio Quintana.  Y es que  resulta mucho más cercano leer que Jesús nos habla utilizando ustedes en vez de vosotros. O que San Pablo ya no nos  dice “Estad siempre alegres” (Carta a los filipenses)  sino “Estén ustedes siempre alegres”.

Pues sí, alegre  y agradecido me voy con estos libros y alguno más.

El verano suele uno aprovechar para salir con la gente amiga. O talk vez nos vamos a un apartamento y descubrimos que el vecino de al lado resulta ser una persona amable con quien se empieza una buena relación. Es la importancia de tener buenos vecinos. Te puedes sentir vigilado o o acompañado.  Nade mejor que tener de vecino o vecina a gente buena, agradable, simpática, alegre. Como Jesús.

Nada mejor que ser el vecino o la vecina de Jesús.

 

 

DIARIO DE UN CURA:

 

            VACACIONES CON  LÁPIZ



    Uso normalmente el bolígrafo para cualquier anotación. Bolígrafo azul o rojo. Pero desde hace unos meses he comprendido la utilidad del lápiz.  

Mis amigos hablaban  ayer de verano y de vacaciones. Entusiasmados, barajaban  muchas opciones para viajar juntos: Camino de Santiago, Lanzarote, Fuerteventura, Madrid, Bosnia… o hacer el Camino por  senderos de  Tunte y Gáldar.  Muchos destinos, pero todos un poco en el aire porque nunca hemos vivido en tanta provisionalidad.  Lo que hoy tenemos claro, igual la pandemia lo cambia mañana. La pandemia o también  las autoridades sanitarias o políticas.

A mí, la verdad, me gustaría ir a Galicia. Y a Cantabria. Y a Bosnia y a Lanzarote. Pero las vacaciones de un cura son siempre inseguras. Primero, porque debo garantizar un compañero  que  me sustituya mientras estoy de viaje. Curas somos pocos. Y cada verano resulta más difícil encontrar a alguien que  esté dispuesto a hacerse cargo de una parroquia durante veinte días o  un mes.  Normalmente  hay  que buscarlo fuera de las Islas. Por eso, mis vacaciones penden de un hilo. De dos, más bien: La pandemia y la suerte de encontrar un compañero. Pura provisionalidad. Por tanto, puede ser que tenga vacaciones. O puede que no.

Con esta indecisión  viví también la fiesta de San Pedro y San Pablo de mi pueblo. Sin saber si el programa preparado con un mes de antelación podría cumplirse o no.  Y con la duda constante de si aquellas personas con las que había contado para los distintos actos  podrían cumplir su compromiso o no.

Estamos aprendiendo a vivir con  lo provisional.   

Ayer  tarde hablé  largamente con una prima. Me sorprendió su capacidad para valorar y asumir que casi todo puede ser transitorio. Y que hay que tener la suficiente claridad de ideas para aceptar los cambios que la vida te puede dar.  Tenía claro que por aquí andamos de paso.  Y que hay que estar abiertos a un nuevo rumbo porque lo que hoy es sí, mañana puede ser no. Pura provisionalidad.

Tiene su encanto vivir cada día sin demasiada programación. La agenda siempre escrita a lápiz porque nada es definitivo del todo. Muchas veces hay que borrar lo escrito y recrearse en lo imprevisto. Ya no vale el bolígrafo.

Hoy quiero recrearme en cada hora y cada momento del día.

Lo que voy a hacer no lo marco yo. Lo hace la gente para la que trabajo. El teléfono, la puerta, el confesionario y la calle te van diciendo lo que hay que hacer, con quién tienes que pararte a hablar, a quién debes visitar. Y hay Otro que, desde la invisibilidad, marca las líneas más fuertes, sugiere y anima el día a día. 

Cuando me preguntan si este año cojo vacaciones o si salgo de viaje, tengo que decir que no lo sé.  Lo tengo anotado sólo con lápiz y ya se sabe: una pequeña goma de borrar puede cambiarlo inmediatamente. Por eso en mi agenda, últimamente, nada se escribe con bolígrafo. Intento disfrutar el momento, lo provisional,  escribiendo a lápiz.

 


 

DIARIO DE UN CURA:

 TIMOS, ESTAFAS Y OTROS ENGAÑOS

Hace unos días, a la una de la madrugada,  sonó el teléfono de la casa parroquial:

-Padre vivo en su parroquia y necesito que me ayude a pagar el viaje a Fuerteventura pues se ha muerto mi padre. A las pocas preguntas que le hice, el hombre  fue notando que no me lo estaba creyendo… y colgó.  Al día siguiente, otros sacerdotes del sureste me contaron que también ellos habían recibido la llamada con parecidos argumentos.

La verdad que tengo una gran experiencia en sufrir intentos de timo, engaños y estafas. A veces he caído en la trampa y otras he podido escapar. Y eso que uno está convencido de que  es mejor equivocarse y ayudar antes que dejar desamparado a alguien por culpa de la desconfianza. 

Todos los curas hemos sido timados alguna vez o por lo menos lo han intentado. Lo bueno es que, gracias a eso, tenemos anécdotas que contar y un máster  gratuito sobre el tema.

En una parroquia del norte de la Isla  un hombre casado engañó a su párroco diciendo que era soltero para poder  casarse con otra muchacha que había conocido en el Sur. Y una madre falsificó el certificado de nacimiento de su hija para intentar adelantar en un año la primera comunión. Menos mal que la caligrafía que usaron les delató muy pronto.

    Hace algunos meses, varios curas recibimos un mensaje  del teléfono de un compañero. Nos contaba  que estaba atravesando una muy mala situación y nos pedía que  le prestáramos un dinerillo y lo pusiéramos en su cuenta. ¿Cómo íbamos a decirle que no al bueno de Paco Martel?

Y es que alguien le había  robado el móvil y lo aprovechó para conseguir unos cuantiosos beneficios. 

Recibí un correo  de una señora de Estados Unidos que dice ser muy rica y quiere hacer una importante donación. Y mira por donde, se acordó de esta parroquia para   ofrecer  una cantidad  súper millonaria  para obras de Caridad. Sólo que, para  los trámites  había que mandarle antes  unos miles de euros….

A un compañero le llamó un señor  diciendo que era sacerdote de no sé qué lugar y que si le permitía alojarse unos días en su casa. El cura, tan hospitalario, le dijo que sí y le preparó una habitación.  Hasta que al día siguiente el falso cura desapareció llevándose algunos objetos de la casa parroquial.

Y el párroco de  un pueblo vecino recibió la visita de un señor que quería  regalarle un saco de papas. Venía rápido, como todos los que quieren estafar. Y al salir le dijo que el saco lo había dejado  en el taxi que lo trajo y que le estaba esperando. Y que, como se le olvidó la cartera, si le podía dar unos euros para pagar al taxista. Se los dio, claro.  De esto hace ya unos años. Todavía no han llegado las papas.

Y así podría seguir mi diario contando otras historias tan reales como estas.

Mariano Medina es un sacerdote aruquense y bastante experimentado. Él  me dice que, cuando alguien  se presenta diciendo “me han hablado muy bien de usted, porque dice que es muy comprensivo, muy carititivo, que la gente le quiere mucho,  etc. enseguida pone la dinámica de la defensa.  Porque sabe que, después de los elogios, viene el sablazo o una petición imposible.

Mariano, sabe más el diablo por viejo que por diablo.

Pero hay otras estafas disimuladas, finas, de las que es imposible escapar.

Por ejemplo la de los bancos. Cuando ingresamos las monedas  recogidas en las colectas de las misas del fin de semana, debemos llevarlas contadas, separadas, en blister… ¡Y por ingresar calderilla nos cobran 9 euros cada semana!

Aunque no sólo nos estafan a nosotros los curas. Y si no, cuando acabe este mes, echen un vistazo al recibo de la luz y ya me dirán. Lo malo que esta vez, todos caeremos. Aunque hayamos puesto la lavadora a las 2 de la madrugada.

 

 

DIARIO DE UN CURA:  

Canarias y el precio de la luz


Un cura amigo se esmeró el domingo pasado, 30 de mayo,  en explicar a los niños que era  el día de la Santísima Trinidad. Y lo explicó de maravilla, con palabras muy sencillas para que los chiquillos entendieran lo de Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo. Y, convencido de que los niños lo habían entendido perfectamente, preguntó:

¿Entonces qué fiesta celebramos hoy?

Y la respuesta del chiquillo más espabilado produjo carcajada general en la iglesia.  

-¡Hoy, dijo con toda fuerza, se celebra el Día de Canarias!

Por cierto que el Día de nuestra Comunidad autónoma puede convertirse en un día de sufrimiento si uno  comprueba que, para algunos,  no pasa de ser la ocasión de  ponerse un cachorro, comer sancocho  y  poco más.

Estaba difícil compaginar este año la coincidencia de la  fiesta religiosa con el Día de Canarias.  También yo me esforcé en explicar que el amor a Dios pasa por defender la cultura canaria,  incluida la lengua. Y luchar por  los derechos de todas las personas  que ahora mismo  en Canarias  están sin trabajo o amenazadas de quedarse sin él. Basta echar una ojeada a los datos que nos cuenta  Cáritas. Más de 14.000 familias de nuestra provincia tuvieron que acercarse  el pasado año por alguna cáritas parroquial ,  y no por gusto, a solicitar algún tipo de ayuda. Menos mal que en nuestras Islas  Cáritas cuenta con  1.200 voluntarios y voluntarias que se afanan por escuchar y servir. Y gracias también a muchas personas y empresas de nuestra tierra  que  echan una mano generosa para ayudar.  Por ahí debe andar ese Dios Padre…

En la homilía del Día de Canarias (perdón, del día de la Trinidad) me permití criticar a los que, siendo también de esta tierra, escriben   en los grupos de whatsapp   cosas como estas: “Os deseo un feliz día de Canarias”, “Gracias por vuestro apoyo”  “Que lo paséis muy bien”.  Esa forma de hablar en gente de  mi tierra   no pega ni con gofio ni con plátanos.

 Y de repente vino  el mes de junio con la gran subida del recibo de la luz y la invitación a planchar y poner la lavadora de madrugada para ahorrar  un poco. Vergonzoso. Pero lo positivo  de este insulto a la población es la gran cantidad de chistes y memes que han circulado gracias a la ingeniosa capacidad de muchos. Menos mal que nos queda el humor.

Y hasta cómico  resulta que el lema  de Cáritas de este domingo de Corpus, elegido hace ya meses, cuando no se conocía lo que iba a ocurrir con el precio de la electricidad, sea  DA LUZ CON CÁRITAS.  Pero la ONG de la Iglesia se refiere al compromiso por el mundo y por Canarias: “Tu compromiso es Luz solidaria”.  Menos mal que esa luz, ese compromiso, puede estar encendido  de madrugada, de día o de tarde. Y siempre al mejor  precio: el amor a los otros, a todo el mundo.

 

 

 

 

DIARIO DE UN CURA

ME HICIERON UN REGALO

Ocurrió esta misma semana. Me encontré con Manolo, a eso de las 9 de la mañana,  en la misma puerta de la iglesia.  Venía a contar  su problema porque calculó  mal los gastos del mes y ya no le quedaba para poder comer. Le dije que ese mismo día podía pasar por Cáritas parroquial que, seguro, le ayudarían.

 Por la tarde, Manolo volvió.  Esta vez tocó en la puerta de  mi casa. Me extrañó su visita. Me dijo que estaba muy agradecido por lo bien que le atendieron en Cáritas y que me traía un regalo. Lo tengo ahora mismo sobre la mesa: Un folio con un poema de Bertolt Brecht y una revista del Partido Comunista. Recogí y agradecí sinceramente el regalo y aproveché para dialogar  del  compromiso político y cristiano. Coincidimos en que se puede ser lo uno y lo otro si uno no se deja llevar por fanatismos.

Casualmente, ayer mismo, a  unos 200 metros de donde vivo, se incendió una casa. Por la tarde algunos feligreses me propusieron ir a visitar a María, la persona que perdió prácticamente todo lo que había en la vivienda.  Con Fabián, Juana Fefa y Loly estuvimos allí acompañándola a ella y a sus familiares. Dialogamos con sus hermanas y sobrinos y, por supuesto,  nos ofrecimos a echar una mano para solucionar el problema.  

Lo curioso es que hoy mismo me llamó un conocido político para decirme que también él visitó a  la persona que sufrió el incendio y que allí se enteró de  que la gente de la parroquia también la había visitado.  Y acabó diciéndome: Creo que tengo que reconciliarme con la Iglesia.  Porque siempre que hablo  de  ustedes es para criticarles.

 ¡Bendito sea Dios! Esto último, que conste, soy yo quien lo digo…

Me alegra que, al margen de las ideas, cristianos o no,  tengamos un compromiso con la sociedad y nunca nos quedemos de brazos cruzados. Como el impactante  compromiso de la vecina de La Garita, en Telde, Isabel Santana.  En  estos tiempos en los que algunos  siguen diciendo que no son racistas pero rechazan a  inmigrantes que llegan a Canarias,  Isabel acogió varios meses en su casa a Youssuf,  un senegalés llegado en patera a nuestra Isla y que vivía en la calle. Y no sólo eso.  Como el joven quería viajar a la península para unirse con otros familiares  y  la Policía se lo impedía, Isabel luchó, con la ley en la mano,  para que pudiera embarcar. Y para que  no tuviera problemas dentro del aeropuerto, Isabel sacó un pasaje también para ella y así poder acompañarlo hasta la misma entrada al avión. 

Hacer el bien  no tiene más color que la bondad.

El regalo más grande que le puedes dar a los demás, dice Bertolt Brecht,  es el ejemplo de tu propia vida.

Esta semana, además del que me hizo Manolo, he recibido otros regalos más que quisiera compartir.

“Hay hombres, decía el escrito que recibí,  que luchan un día y son buenos. Hay otros que luchan un año y son mejores. Hay quienes luchan muchos años y son muy buenos. Pero están los que luchan toda la vida: esos son los imprescindibles”.

Me he encontrado con algunas personas imprescindibles.

¿Qué mejor regalo puedo recibir y dar?

 DIARIO DE UN CURA

DESDE LA VENTANA DE MI CASA


Quince días he estado mirando la vida desde una ventana. He visto pasar a la gente, aparcar coches, me han tocado en el cristal, he sentido entrar el viento. No ha entrado nadie en la casa. Tampoco yo he podido salir. Begoña traía  el café y los periódicos cada mañana: los primeros respiros del día.

Fefi, Loly, Juana Fefa y otros  se acercaban a recoger la llave de la iglesia o a dejar algunos sobres o hacer un comentario ligero sobre el día. Era como un contacto con toda la parroquia.

Con algunas personas rezaba cada día a través del teléfono y poníamos la vida de los amigos, de la familia y de las parroquias delante  del Señor.  Pensaba en los que han tenido o están teniendo peor suerte, más incomunicados o más olvidados o más doloridos.

Tenía otras ventanas abiertas gracias a Internet, pero esta es la más viva, la más real. Veía a la gente como es. Entraba calor cuando hacía calor y frío cuando hacía frío. Las sonrisas eran de verdad y las palabras, poquitas pero suficientes.

La misa de cada día, menos los lunes, en una parroquia u otra. Veía a los que leían, a los que comulgaban, a los que subían y bajaban de la sacristía. No tuve sensación de estar confinado. Ni mucho menos. Tuve la sensación de ser una persona de mucha suerte que cada día, por cualquiera de las ventanas, me ponía en contacto con mucha mucha gente.

Todas las mañanas me llamaba una doctora que me hacía el seguimiento. Teníamos una conversación ligera en la que casi siempre le dije que me encontraba bien y agradecía  sus consejos. Me dijo que se llamaba Concepción Matoso y que era creyente y que le alegraba saber que yo era cura.  Escuché canciones y algunas confidencias telefónicas. A veces me costaba hablar por teléfono y prefería siempre los mensajes.

Ahora, recién acabado el confinamiento, la nevera la tengo llena. Imposible comerse todo lo que iba llegando. El corazón también quedó lleno.

 Fui escribiendo notas cada día  para saber el proceso. La temperatura corporal,  y la saturación cada mañana y cada tarde. O los consejos médicos del día o alguna anécdota. Por último, ya resultaba  aburrido no tener fiebre y saturar 97 o 98 cada día. Desde el viernes abandoné mi pequeño diario. Todos los días empezaron a ser iguales.

Los compañeros curas fueron curas y fueron compañeros. Siempre disponibles. También los que venían a celebrar la eucaristía.

Desde lejos notaba la buena colaboración de la gente de la comunidad. Las parroquias marchan mejor sin cura. La gente sabe que hay cosas que hacer y que la parroquia ahora es más suya. Hubo unión, participación y buen rollo.  Y eso me daba mucha satisfacción. En toda familia hace falta que el padre o la madre se ponga malo para comprobar que los hijos son hermanos.  Sabía que tenía  muchos sobrinos y ahora me he dado cuenta que tengo el doble.

He seguido la liturgia de cada día.  He escuchado, gracias a la transmisión de la eucaristía, la homilía del compañero de turno. Y hoy mismo, leyendo lo que san Pablo dice a los cristianos de Corinto, me puse a copiarle. A veces no quedamos con algo meramente anecdótico de Pablo, por alguna frase desacertada que escribió. Pero Pablo fue un hombre de fe, entusiasta, luchador, trabajador, entregado al servicio del evangelio, valiente, perseguidor y perseguido, sincero, inteligente, lleno de Espíritu… a veces soberbio, a veces humilde.

También yo me presenté a ustedes débil y temblando de miedo; mi palabra y mi predicación no fue con persuasiva sabiduría humana, sino en la manifestación y el poder del Espíritu, para que nuestra  fe no se apoye en la sabiduría de los hombres, sino en el poder de Dios.

Eso quisiera ser.

Me gustaría seguir mirando por la ventana para que nunca pierda el contacto con nadie:  con la chica que pasea su perro delante de mi casa, el joven que riega el jardín o refresca la plaza cada mañana, los amigos que se sientan en el banco cerca de la sacristía, los señores que dialogan  en la puerta de la iglesia… A través de cada uno me llega el Espíritu de Dios.

A lo mejor la palabra del evangelio de hoy me repite lo que Jesús decía y dice: Que ustedes y yo somos la sal de la tierra. Que tenemos que darle buen gusto a la comida de la vida. El buen gusto es llevarnos bien sin dar importancia a tonterías. Es mantener el buen humor y la alegría. Mandarnos chistes y memes, reírnos, animarnos, felicitarnos y tener siempre la ventana abierta, sin rejas, para que, quien quiera, coja la llave y descubra que aquí dentro hay una comunidad de gente normal, que quiere ser buena y que a veces mete la pata. Y que no le gustan los cristianos raros, ni los que ven pecado por todos lados, ni andan todo el día con rezos, novenas, triduos y devociones extrañas  porque nos podemos cargar el Espíritu de Dios. Y el Espíritu está por fuera de la ventana y por fuera de la iglesia. Los virus pueden estar dentro.

Abramos las ventanas.
 

 

DIARIO DE UN CURA:

RESTAURACIÓN

Una de mis hermanas, cuando me llama, siempre  empieza con  la misma pregunta: ¿Hay alguna novedad?

Y mi respuesta también suele ser siempre la misma.

-No, nada. Todo sigue más o menos  igual.

Pero no, no  es verdad.  Cada día ocurren muchas cosas nuevas. Nuevas e interesantes. Ayer mismo me propuse ir anotando en mi Diario las distintas novedades  de la jornada. Y resulta que en la oración de la mañana,  el salmo decía: Oh Dios, restáuranos. Que brille tu rostro y nos salve. 

Restáuranos, qué casualidad. Porque, no me lo van a creer, pero ayer mismo, a eso de las 9,30 de la mañana se llevaron  la imagen de la Virgen de Candelaria, la patrona del pueblo, que necesita ser restaurada. Y, un ratito antes,  una señora me llamaba para compartir su pena y hasta sus lágrimas porque ya sabía que durante algún tiempo no va a poder ver a su Virgencita, a la que visita cada día para orar ante ella.

Me conmovió el dolor y sensibilidad  de aquella mujer. Luego comprobé que no era cosa de una sola mujer. Arriba, en el camarín donde está la imagen de la Virgen, habían otras personas: Juan Jesús, Alexis, Aurelio, Vanessa, además de Amparo, la restauradora.  Y el ambiente que,  normalmente entre nosotros es de alegría y buen humor, ayer, mientras los de la empresa del traslado bajaban y “amortajaban”  la imagen, parecía más propio de un duelo.

            Qué bueno que haya esta sensibilidad. Que las situaciones sociales y religiosas nos afecten porque las hacemos nuestras.  Durante la mañana algunas personas llamaron o se acercaron para conocer más de cerca lo que estaba ocurriendo con una imagen que durante siglos ha sido vínculo de unidad en el pueblo.

¿Hay alguna novedad?

 

Paqui me llama más tarde para contarme la  situación de una familia muy necesitada que solicita ayuda en Cáritas y  Esperanza me pregunta por la persona fallecida.  Marimar me manda la canción “Adios Reina del cielo”  y Aythami me cuenta lo de su próxima boda.

La tarde tampoco está ausente de novedades. Me toca compartir el momento duro de la despedida de Ángel. Y el momento agradable de conversación con Dámaso y Liliana.

            Cuando ya va anocheciendo, parece que todo empieza de nuevo. Una misa con un vacío que impacta a todos. Y un mensaje de  cuaresma que invita a que también nos restauremos nosotros. Restaurar una imagen es costoso. Pero  ahora la Palabra habla de restaurarnos nosotros.  Cuando las canciones hablan de conversión y de cambio me están  diciendo que también yo, también la comunidad, necesita una buena restauración. Porque el tiempo o el abandono nos ha ido   deteriorando.  ¿A dónde iré para que me restauren?

La tarde acaba bien. Sin haberlo propuesto, después de la necesaria limpieza de los bancos del templo, Antonio, Juana Fefa, Loly  Inma  y Alexis nos reencontramos con ganas de hablar, reir y tomarnos juntos un café.

Mi hermana  volverá a llamarme mañana mismo.

-Suso, ¿Alguna novedad por ahí?

Y esta vez tendré que decirle que sí. Que, como todos los días, hay mucho e interesante que contar.

Oh Dios, restáuranos. Que brille tu rostro, como el de María, y que nos salve.