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Escribe Paco Mira:

LOS PROBLEMAS DE LA PRIMERA COMUNIDAD

Es algo similar a lo que hemos escuchado en la 1ª lectura: “al crecer el número de los discípulos, los de lengua griega se quejaron contra los de lengua hebrea”. Hasta ahora, se nos había presentado una imagen idílica de la primera comunidad cristiana, como vimos el Domingo II de Pascua. Pero, aunque todos eran judeocristianos, había dos grupos: los de lengua hebrea, que provenían de Jerusalén, y los de lengua griega, que provenían de las comunidades judías establecidas en ciudades griegas, con diferente mentalidad. Esto, unido al crecimiento en número, produjo tensiones y conflictos internos.


Era necesario buscar una solución, y los Doce convocaron “a toda la asamblea de los discípulos”, es decir, a todos los integrantes de la comunidad. Podemos decir que convocaron un ‘sínodo’, palabra que significa ‘caminar juntos’ y que designa las reuniones en las que se tratan asuntos relacionados con la Iglesia. Los Apóstoles tenían presente lo que Jesús les había dicho y hemos escuchado en el Evangelio: “Yo soy el camino y la verdad y la vida”. Y que, por ese camino que es Jesús, todos deben avanzar juntos, en sinodalidad, porque, como también hemos escuchado en la 2ª lectura: “Acercándoos al Señor, piedra viva… también ustedes, como piedras vivas, entran en la construcción de una casa espiritual…”

 
Y esto sigue siendo no sólo válido sino necesario para los que hoy somos y formamos la Iglesia, tanto a nivel universal como diocesano y parroquial: como hemos visto, a menudo resulta difícil coordinarnos, parece que cada uno sigue un rumbo, y hay distanciamientos y tensiones. Por eso hemos de aprender de los primeros cristianos a vivir la sinodalidad: «es el camino que Dios espera de la Iglesia en este tercer milenio. No es una moda ni un método organizativo. Significa caminar juntos como Pueblo de Dios, escuchando la voz del Espíritu, discerniendo en comunidad y participando todos en la misión evangelizadora. Es, en esencia, un modo de relación. Este estilo de ser Iglesia nos invita a pasar del ‘yo’ al ‘nosotros’. La sinodalidad se fundamenta en la corresponsabilidad de todos los bautizados, que son sujetos activos de la misión y deben discernir su vocación bautismal».
La sinodalidad tiene un elemento básico que nos hace mucha falta: «la escucha de la Palabra y la escucha de la comunidad eclesial. La escucha de la palabra y de los otros es fundamental para el discernimiento personal y comunitario. Escuchar a todo el Pueblo de Dios nos ayudará, como Iglesia a tomar las decisiones pastorales que correspondan lo más posible a la voluntad de Dios». Necesitamos «aprender a escuchar, ser humildes y dejarnos transformar por el Espíritu».
Y como «la sinodalidad se fundamenta en la corresponsabilidad de todos los bautizados, que son sujetos activos de la misión y deben discernir su vocación bautismal», también necesitamos profundizar en la razón que dan los Doce para convocar la asamblea: “No nos parece bien descuidar la Palabra de Dios para ocuparnos del servicio de las mesas. Escoged a siete de vosotros…” Esto, para nosotros, si queremos vivir la sinodalidad y evitar tensiones, es una llamada a la corresponsabilidad de todos los miembros de la comunidad parroquial, fomentando «una distribución más articulada de tareas y una mayor corresponsabilidad entre los ministros ordenados y los otros miembros del Pueblo de Dios, de modo que se evite caer en la tentación del clericalismo».

 

 

Escribe Paco Mira:

NADA DE MIEDO



          Terminamos este próximo domingo la Octava de Pascua. Y lo hacemos con un panorama nada satisfactorio: con puertas cerradas y con miedo. No solamente los primeros cristianos, sino muchas veces también nosotros. Y esa cerrazón, quizás venga muchas veces, porque la gente de la calle, la de a pié, no entiende nuestro lenguaje, nuestra jerga, nuestro vocabulario. Como nosotros no entendemos muchas veces el de la gente jóven. Toda esta semana hemos estado hablando de resurrección y mucha gente (incluso cristianos de pura cepa) no entiende ese lenguaje.

          Cuando Jesús se encuentra con los discípulos miedosos, es curioso cómo no les reprocha nada, sino que la paz es Dios mismo que nos invita a un compromiso valiente, que nos quita el miedo y nos empuja a salir de las dificultades; que demuestra que Dios está a nuestro lado y que el mal y la muerte no tienen la última palabra.

          Pero a su vez les, nos da el espíritu del perdón, espíritu que sigue creando vida. Espíritu que sigue soplando sobre nosotros y nos hace portadores de vida, porque cuando perdonamos llevamos al otro una nueva vida El perdón es creatividad y nueva creación de Dios.

          Pero Tomás se siente torpe y pasivo ante su amigo Jesús, no estaba en la comunidad; se siente culpable de lo que podía haber hecho y no hizo; siente que con Jesús muere el amigo y el mundo creado en su entorno: la vida en la que él había puesto toda su confianza.

       Jesús invita a Tomás a meter la mano en su costado, que quiere pruebas del milagro. Como si Jesús se prestara gustoso a sus condiciones, pero le confunde.  No se nos dice que Tomás metiera la mano en el costado de Jesús, sino que creyó, porque son mucho más importantes y eficaces para creer, el afecto y la condescendencia de Jesús que las pruebas objetivas. Lo que sana su tozudez y excepticismo, no son las llagas, sino la actitud de Jesús de dirigirse personalmente a él y afrontarle en su sintonía

Las llagas de Jesús demuestran su realidad, su vulnerabilidad, no es un fantasma. Nosotros borramos las heridas del tipo que sean para no recordar los  momentos traumáticos que las han producido. Jesús las mantiene, aunque le recuerden la humillación y el sufrimiento, porque son signos de amor y reconciliación para los discípulos. No cambian el pasado, pero sí el futuro

Sus heridas curadas dejan cicatriz, pero no rezuman amargura, sino luz. Perdonar no es olvidar, sino recordar de otra manera. Es difícil, olvidar ciertas cosas de nuestra vida, además no debemos olvidarlas, pero lo que nos constituye como personas reconciliadas es cómo sentimos y tenemos curados en nuestra memoria esos hechos sangrantes de nuestra vida. Necesitamos recordar para saber quienes somos, pero hacerlo de manera sana, reconciliada en nosotros.

Tenemos que recuperar sin miedo nuestra propia jerga: cuidar los espacios de oración, las enseñanzas del Magisterio de la Iglesia que nos han iluminado a lo largo de la historia, compartir el pan de la Eucaristía, acordarnos de los que más lo necesitan... eso es lo que hacían los primeros Apóstoles, pero ¿nosotros?

 

Escribe Paco Mira:


EL GRAN JOSÉ DE LA HISTORIA


 

          Hemos visto como a lo largo del adviento hemos recordado a unos cuantos personajes que nos han ayudado a recorrer este camino para llegar a la Navidad. Hemos visto a Juan, hemos visto a María... hoy le toca el turno a José. Un hombre del que en la Biblia no se habla mucho, pero que además no entiende nada: espera un hijo que no es suyo y hace lo que haría cualquier hombre en su lugar: desistir, abandonar, huir de los problemas... no quiere saber nada y eso que era una buena persona... Pero Dios le piede algo más que ser una buena persona... Pide ser creyente, creer en él.

          Ante el desconcierto de José, Dios le pide tres cosas: confiar en Dios (en un sueño), hacer lo que debe hacer (cuidar de María y de su hijo) y no tener miedo. Nada más y nada menos. Es lo mismo que le pide a María..

          Y cuando José despierta no grita, no ignora el sueño com si fuera una pesadilla, no protesta, no se pone a discutir... Acepta lo que viene. Y es que en la Navidad parece que todo el mérito se lo lleva María, cuando vemos que José es también un actor principal. Viendo a José, muchas veces nos vemos reflejados en él. Nosotros, cuando las cosas no nos salen como nosotros queremos, nos ponemos a protestar, a quejarnos, a decir barbaridades.....José nos enseña el valor del silenciio, de la fe, de la aceptación de las cosas como son.

          La acttud de José, me enseña que la Navidad es un sueño que puede hacerse realidad si yo cumplo mi parte; la navidad es una decisión silenciosa, ya que José no dice nada, simplemente hace caso a Dios; la Navidad es también una aparente confusión de metas, ya que José quería casarse con María y decide abandonarla hasta el sueño; Navidad es aceptar que Dios sabe lo que hace, por mucho que yo crea que debería de hacerlo de otra manera.

          A nosotros nos toca acoger y aceptar el regalo que es Dios en medio de nuestras casas y de nuestras cosas, hacer lo posible para que esté presente en medio de la vida de las personas que están cerca de nosotros y de aquellas a las que cada uno nos acercamos para hacer posible que vivamos con dignidad y que sientan gratamente que forman parte de nuestra comunidad y que compartimos lo que somos y tenemos cada uno. Además hacemos posible que nadie nos sintamos ajenos a los gozos y esperanzas de las personas de nuestro tiempo y de nuestro espacio.

          Mucho tenemos que aprender del bueno de José, del carpintero, del que siempre estuvo metido en la biruta y con las herramientas en la mano;  el silencio de un hombre que seguro que como tal fue respetado y admirado por los vecinos. María no pudo haber conseguido mejor pareja y Dios seguro que no encontró otro padrre mejor para su hijo.

          El verbo ‘obedecer’ deriva del latín y está compuesto del prefijo «ob» (hacia) y «audire» (oír). Su sentido original es ‘saber escuchar’, y más tarde fue derivando hacia ‘cumplir una orden’ o ‘hacer caso’.Ojalá que todos tengamos la valentía de saber escuchar; de saber aceptar aquello que no entendemos; de saber decir que sí a Dios aún no entendiendo el por qué.


 Escribe Paco Mira:

JESUCRISTO, REY DEL UNIVERSO



          Todos los años, la casa real española, convoca entre los escolares españoles un premio titulado ¿Qué es un rey para ti?. Todos los niños de España pueden hacer un alegato de lo que ellos consideran lo que es una figura que probablemente la ven como mucha lejana. Pues hace unos años, uno de los niños escribió: «Mi rey debería ser como el Jesús de la cruz, que lloró porque el ladrón que tenía al lado, también lloraba».

          Viendo los reinados que existen en el mundo; viendo e boato y el protocolo con se las gastan por ahí delante; viendo las vestimentas que para determinados momentos nuestros reyes se ponen y lucen... no sé si estaremos equivocados o en el lugar adecuado.

          Jesús es el rey del Universo, la de hoy es la festividad de nuestro rey, pero no la de un rey a la usanza. No es la del rey de alfombra roja ni de joyas pomposas, no es el rey de carruajes ni caballos de pura raza, es la festividad del rey semidesnudo, coronado de espinas, clavado para que no se escape, sangrando para que sirva de ejemplo a todos los malhechores de la época y de épocas posteriores.

          Hoy es la festividad de un rey, cuyo reino no es de este mundo. Es el reino de los que tienen hambre y sed de la justicia; es el reino de los pobres, de los que viven en la calle tirados, de los que no tienen un pan para llevarse a la boca; es el reino de los que lloran con los que lloran; es el reino de los que sufren, de los enfermos, de aquellos que tienen a la soledad como única compañía; es el reino de los que cuando tuve hambre me dieron de comer; cuando tuve sed me dieron de beber;  cuando estaba desnudo hubo una mano generosa que ayudó a vestirme, del que me vino a visitar a la cárcel, cuando todos me dieron la espalda; es el reino de los que no llegan a fin de mes o tienen problemas con los hijos; es el reino de los que tienen derecho a nacer, a la vida y muchos de nosotros se lo impedimos.

          Es un reino, el de mi rey, que no tiene premios; que no se convocan en función de las diferentes actividades que cada uno realiza; que no se dan premios en ningún teatro ni se aprovecha cualquier festival para mencionarlo; que no se convoca a los medios de comunicación social para que se hagan eco de la festividad; es un reino en el que no se cortan las calles para que pase y los demás no tienen derecho ni a acercarse.

          El premio de mi rey, es el mismo que le dijo al que estaba colgado con él en la cruz, «te lo aseguro, hoy estarás conmigo en el paraiso». La verdad es que es tentador el poder alcanzar un Reino de esa manera.

          El reino no es una ideología, ni un programa político; es un conjunto de actitudes que cambian los corazones, despojándonos del hombre viejo y revistiéndonos del hombre nuevo, de entrañas de misericordia, de bondad de humildad, de paciencia de mansedumbre, de capacidad de perdonar, pero sobre todo que el amor sea el que nos une a todos y cada uno de los habitantes de ese reino

          Pero ese rey necesita manos que le ayuden en esa tarea. Quiere las manos tuyas y las mías; quiere hombres y mujeres que sean capaces de dar la cara en un mundo cada vez más dividido; hombres y mujeres que sean capaces de dar la vida por las causas justas que los hombres nos empeñamos en convertir en injusticias. Nuestro rey quiere un reino donde no haya ni llanto ni dolor, sino justicia y paz. El ladrón lloró. Me gustaría llorar por tantas personas que podrían dar esperanza a este mundo y se callan o solo dicen las cosas malas y los fallos. Me gustaría llorar por tantos inocentes que son condenados por sin haber hecho nada malo.

          En tus manos y en las mías está la posibilidad de hacer realidad ese reino entre nosotros. Solo tenemos que ponernos manos a la obra. Si es así el premio lo tenemos asegurado, sin necesidad de vestirnos de gala, simplemente con el corazón limpio y entregado, gozaremos del Reino prometido.

 

 

Escribe Paco Mira:

 

LAS PALABRAS SE LAS LLEVA EL VIENTO



          No hace mucho, todo el mundo desde la tristeza de la despedida del Papa Francisco, esperaba con expectación la llegada de uno nuevo. Se hacían conjeturas sobre el nombre: nos íbamos a Asia, nos quedamos en Italia, alguno deseaba que fuera alguien del continente hermano de Africa. Y al final nos fuimos a Norteamérica, a un misionero, a un agustino cuyo fundador dijo Ama y haz lo que quieras, un hombre de raíces españolas... un León que tiene que rugir en la selva de la vida y que el primer deseo que tuvo, sus primeras palabras fueron: deseemos la paz y contruyamos puentes.

¿Por qué es tan difícil la paz? ¿Por qué fracasa una y otra vez el diálogo? ¿Por qué se vuelve una y otra vez al enfrentamiento y a la agresión mutua? ¿Por qué se ponen tantos obstáculos a la concordia? Una cosa es cierta: No cualquier persona puede sembrar paz, solo quienes poseen paz pueden ponerla en la sociedad. Con el corazón lleno de resentimiento, de intolerancia, de dogmatismo, se puede movilizar a algunos sectores; con actitudes de prepotencia, de hostilidad, de agresión, se puede hacer política y propaganda electoral, pero no se puede aportar verdadera paz a la convivencia de las gentes.

Nos falta paz porque nos faltan hombres y mujeres de paz. Quienes la poseen en su corazón la llevan consigo y la difunden. Jesús nos dice: «Que no tiemble vuestro corazón ni se acobarde». Mucha gente tiene hambre de Jesús y de su paz. Estamos llamados a ser una Iglesia en salida, caminando juntos, en sinodalidad, hacia una Iglesia más fiel a Jesús y a su Evangelio, con cristianos que acojan el Espíritu de Dios, no pierdan la paz y la siembren.

Cuando en la iglesia se pierde la paz no es posible recuperarla de cualquier manera ni sirve cualquier estrategia. Es necesario convertirnos humildemente a su verdad, movilizar todas nuestras fuerzas para desandar caminos equivocados y dejarnos guiar por el Espíritu de Dios.

Son muchos los conflictos que sacuden nuestra sociedad. Además de tensiones y enfrentamientos que se producen entre personas y en el seno de las familias, graves conflictos de orden social, político y económico impiden entre nosotros una convivencia pacífica. Para resolver los conflictos hemos de hacer siempre una opción: o escogemos la vía del diálogo y del mutuo entendimiento o seguimos los caminos de la violencia y del enfrentamiento. Por eso, muchas veces, lo más grave no es la existencia misma de los conflictos, sino que una sociedad  termine creyendo que los conflictos solo se pueden resolver por la imposición de la fuerza.

A veces pensamos que los conflictos de dan fuera: ¡cuántas peleas no hay en nuestras comunidades parroquiales!¡cuánto afán de protagonismos que lleva al enfrentamiento con otros miembros de la comunidad. “en esto conocerán que son mis discípulos: que se aman los unos a los otros”. ¡cuántos codazos nos damos para llegar a los primeros lugares y a veces ponemos hasta zancadillas para que el otro no llegue primero que yo.

Vivamos y enseñemos nosotros el valor del respeto, el amor capaz de asumir toda diferencia, la prioridad de la dignidad de todo ser humano sobre cualesquiera que fueran sus ideas y su procedencia en el origen, incluso respetemos, como decía el Papa Francisco, su propio pecado.

Los grandes santos fueron hombres y mujeres de Dios, pero también de gran compromiso solidario y cuando decimos que son hombres y mujeres de Dios, queremos decir que son hombres y mujeres que aúnan la oración y el servicio a los demás, especialmente a los pobres.

 

 

          Hasta la próxima

          Paco Mira

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Escribe Paco Mira:

 

AMAR, AMAR Y AMAR



          Los que son aficionados al fútbol, recordarán que en una ocasión le preguntaron al ya fallecido Luis Aragonés (que fue entrenador de la selección), cuál era la técnica para ganar un campeonato del mundo. Y él, dentro de la lógica, pero también dentro de la picardía, dijo que el único método era ganar, ganar y ganar. Está claro que si juegas mejor que otro, pero no metes goles, no te llevas el triunfo por ningún lado; luego la única opción válida es la de meter más goles que el rival. Seguro que así ganas.

          El evangelio de este fin de semana, nos pone ante la tesitura del cristiano. Las palabras se las lleva el viento, las letras puede que las leamos o no, pero los gestos y las realidades de cada día son las que perduran y perdurarán para siempre. Hablar de amor, es hablar de Dios mismo. Si a un enamorado le preguntan por qué lo está, dirá un montón de cosas, pero lo más profundo de lo que siente, seguro que no tiene palabras para ello. Es algo que supera nuestra inteligencia y se sitúa en el ámbito del misterio. Mucho se ha escrito sobre el amor, pero ningún libro logrará encerrar en letra fija y muerta lo que es cambiante y vivo.

          Cuando a alguien se le pregunta qué es el amor, dirá que es un sentimiento. Pero entiendo que siendo verdad,  tiene que ir más alla de eso; sin duda, además de un sentimiento, es una decisión. Pero esta decisión también tiene una cierta dosis de cruz, de dolor. Seguro que Jesús de Nazaret, en la cruz, no pasó por un momento gratificante para sus sentidos. Jesús no fue un masoquista de la vida, no disfrutó del sufrimiento Su amor fue un amor de decisión dolorosa. Cuando Dios se encarna en Jesús, sabe que eso conlleva ciertas dosis de dolor.

          Una sociedad que huye del dolor es una sociedad que huye del amor. La enfermedad, la muerte harán su aparición, pero tomando la cruz de cada uno y de cada día y la lleva hacia adelante, no perdemos sino que ganamos en dignidad. Amar exige abrir los ojos para ver qué ocurre a mi alrededor para descubrir dónde surge la necesidad de ejercitarme en el amor. Y la necesidad de leer la Buena Noticia para saber qué tipo de acciones he de realizar siguiendo los pasos de Jesús, ámense como yo les amo.

          El amor es un ejercicio diário que nos obliga a realizarlo diariamente. Hay gente que no puede pasar un día sin ir al gimnasio, porque sino nota que le falta algo.Ojalá que nosotros sintamos la necesidad de amar diariamente, que notemos que nos falta algo. La gente que nos vea, nosotros mismos, no vamos a ser juzgados por la cantidad de veces que hemos participado de una celebración litúrgica, o de las veces que nos hemos confesado. Nos juzgarán por las veces que hemos cogido una jofaina y una toalla y hemos lavado los pies sudorosos, con callos, ennegrecidos por la falta de protección...a todos aquellos que la sociedad, cada vez más sofisticada y tecnificada, rechaza y deja apartados a las orillas de los caminos de la vida.

          Nos van a juzgar por la capacidad que hemos tenido de amar, pero no como sentimiento, sino como la decisión de que tuve hambre y me dieron de comer, que tuve sed y me dieron de beber, que estuve solo, abandonado, y fuiste capaz de perder un poco de tu tiempo para dedicarselo al mío; tuviste tiempo para escucharme cuando nadie lo hacía; tuviste tiempo para acariciarme cuando la sociedad estaba pensando en infinidad de broncas porque alguien no hacía bien las cosas.

          Si al final hacemos las cosas de esa manera, nos llamarán bienaventurados, felices, dichosos... porque hemos sido capaces de amar. Si a Luis Aragonés le preguntaron lo que había que hacer para ganar un mundial y él decía que era ganar, ganar y ganar, a nosotros si nos preguntan qué hay que hacer para ser un buen cristiano, es amar, amar y amar y además es que no queda otra.

         

 

          Hasta la próxima

          Paco Mira

 

Escribe Paco Mira:

 ¿MALOS TIEMPOS DE PESCA?




          ¡Cuántos sermones dominicales, pláticas religiosas, actos de piedad, procesiones...!, ¡Cuántas catequesis de primera comunión, de bautismo, de adultos, de confirmación, prematrimoniales!.¡Cuántos sacramentos llevamos administrados!... y ya ves: toda la noche bregando y no hemos pescado nada. Como padres y madres, como curas y diáconos, seguimos intentando acercar la fe a los hijos y a los fieles con poco éxito, como Iglesia repartimos el Pan de la Vida, casando y confirmando a unos cuantos -cada vez menos, pero la pesca de discípulos, es decir de seguidores de Jesús, es escasa.

          ¿Malos tiempos de pesca?. Un pescador no se resigna a la mala suerte; se pregunta por qué su trabajo ha sido tan infructuoso. Sopesa el estado del mar, las condiciones ambientales, el equipo de pesca... También el apóstol debe mirar el mar en el que se mueve, las condiciones ambientales en que vive, los métodos usados, etc....Para una buena pesca, ¿basta con una buena edición de los evangelios, un buen catecismo o un bien trabajado directorio de pastoral?.¿basta con las con las últimas publicaciones sobre técnicas y dinámicas de grupo, y con un ingenioso decálogo del buen misionero y catequista?. ¿Es suficiente invertir en salones y medios técnicos y materiales cada vez mejores?. ¿no se necesita algo más?. Seguro que sí.

          No solo es importante el qué queremos transmitir y el cómo transmitirlo. Más importante que el qué y el cómo es el quién nos invita a evangelizar y a quién tenemos que anunciar; en ambos casos la respuesta es Jesús. Si Jesús no ocupa el centro de nuestra vida personal y comunitaria, la pesca seguirá siendo infructuosa.

          El texto de hoy nos invita a revisar nuestros modos y maneras de transmitir la fe: en la familia, con los amigos, en el trabajo. Quizás en el encuentro de Jesús con Pedro nos puede ayudar a discernir.

          Primero asumir que sin Jesús no podemos hacer nada. Y para que no lo olvidemos, después de una noche infructuosa de trabajo, pone ante los ojos de los suyos una pesca milagrosa: la que se obtiene con las redes de la fe, cuando se extiende al compromiso..

          La segunda lección es la de la confesión. Confesión en doble sentido de la palabra: confesión de los propios pecados (tres veces te negué Señor) y la confesión de fe en el poder de Dios (tú lo sabes todo y sabes que te quiero)

Finalmente, la disponibilidad. Cuando Dios nos habla, la disponibilidad ha de ser consciente y absoluta. Siempre buscamos una disculpa para no ponernos al servicio de los demás. Pedro, Pedro el que se lanza al agua, el que desea más que nadie estar junto a Jesús, el que no le importa mojarse y estar mal vestido... solo quiere volver a estar con su maestro, con aquel que da sentido a su vida...

No nos olvidemos que un apóstol no habla en nombre propio, sino en nombre de quien le envía. Antes de ser apóstol, ha de ser seguidor del Maestro. La pregunta de hoy es preguntarnos, ¿en nombre de quien evangelizamos?. A veces nos embarcamos en programas que no tienen nada que ver con la evangelización.

Ahora que estamos en precónclave. Ahora que los cardenales están escuchando la voz del espíritu, nosotros hacemos un montón de conjeturas de quien tiene que ser el próximo en sentarse en la silla de Pedro. Seguro que muchos dirán que tiene que ser conservador, otros progresistas, pero seguro que Jesús seguirá preguntando al sucesor de Francisco, Pedro, ¿me amas?

Con frecuencia se relaciona a jerarcas y pastores solo con la capacidad de gobernar con autoridad o de predicar con garantía la verdad. Sin embargo, hay adhesiones a Cristo, firmes, seguras y absolutas, que, vacías de amor, no capacitan para cuidar y guiar a los seguidores de Jesús.

Pocos factores son más decisivos para la conversión de la Iglesia que la conversión de los jerarcas, obispos, sacerdotes y dirigentes religiosos al amor a Jesús. Somos nosotros los primeros que hemos de escuchar su pregunta: «Me amas más que estos? ¿Amas a mis corderos y a mis ovejas?».

 

          Hasta la próxima

          Paco Mira

 

Escribe Paco Mira:


HOY EL SEÑOR RESUCITÓ



          Ayer enterramos a Jesús, en un sepulcro que le dejaron. Allí acudieron unas mujeres para que no le faltara ningún detalle, ni ningún cuidado a un cadáver muy descuidado.

          El Viernes Santo, ayer,  decíamos que Jesús en la Cruz nos invita a permanecer ante las cruces y los crucificados. Mirábamos tambíen a aquellos que tienen como sepulcro la inmensidad del mar, tras caer abatidos en pateras de injusticia. Los arriesgados del mundo que con el deseo de vivir y de poder dar vida a otros, se lanzan a la aventura de un mar de turbulencias. Vienen con la dignidad de lo humano, con el deseo de la vida y se encuentran con lo indigno del fracaso, del abuso y con la muerte no deseada.

 Pero no sintiéndonos defraudados en nuestras esperanzas sino con paciencia, confiando en que Dios cumple en Jesucristo su promesa: la salvación para cada uno, para la Iglesia, para toda la humanidad. Ésa es la esperanza cristiana que brota de Jesús en la Cruz. Y hoy estamos celebrando que, como indica el título de la Bula de convocatoria del Papa en el Jubileo 2025, esa esperanza no defrauda. Cuando el evangelio nos invita a estar vigilantes, a no dormirse y a estar despiertos, se refiere a los signos del amor.

          El testimonio de la resurrección pasa por el grito constante de la visión de esos signos, porque no se enciende una vela para ocultarla. La luz de los que aman ha de estar siempre en el candelero y no para presumir, sino para que otros puedan ver bien, y hacer posible el mandamiento de «amar como él nos ama». Yo, si me lo permiten, destacaría algunos signos de ese amor.

          Recuperar la esperanza de la vida, la vida como paternidad y maternidad responsable. Es un signo de amor y resurrección porque es un motivo de esperanza, porque depende la esperanza y produce esperanza y la esperanza no defrauda como dice el Papa Francisco.

          Los jóvenes y sus ideales. Son ellos los que están en el momento de mayor esperanza, los que con frecuencia ven que sus sueños se derrumban. No hay nada más triste que un joven sin esperanza. Ojalá que la resurección sea en la Iglesia una ocasión para estimularlos, que tengamos tiempo para estar cerca de ellos que son la alegría y la esperanza de la Iglesia y del mundo.

          Esperanza para los migrantes: cada vez más suena atronador el grito de aquellos que dejan su tierra, su familia, sus raíces... en busca de un cielo nuevo y una tierra nueva, como lo hizo el pueblo de Israel. Hemos de liberarnos de prejuicios y cerrazones y caminar por la via de la acogida y de los brazos abiertos. Abramos las puertas de nuestras comunidades para que a nadie le falte la esperanza de una vida mejor.

          Esperanza para los pobres. Los pobres son los que más esperanza necesitan y se merecen. No podemos apartar la mirada ante situaciones como las que se viven en ciertas partes del mundo. Pobres que muchas veces no están muy lejos de nuestra casa: problemas de vivienda, de salud, de comida... En ellos el resucitado nos muestra las heridas del crucificado  para revelarnos que se identifica con ellos.

          Esperanza para los mayores y su soledad. Frente a la soledad abandono y tristeza de los ancianos estamos llamados a una nueva mirada de cuidados y ternura con respecto a ellos. Hemos de valorar el tesoro que son y su experiencia de vida. Ellos han sido  transmisores de la fe y de la sabiduría para nosotros. En ellos encontramos arraigo, comprensión y aliento.

          Esperanza en la casa común. Es necesario que aquellos que poseen riquezas, sean generosos reconociendo el rostro de los hermanos que pasan necesidad, especialmente aquellos que carecen de agua y de comida. El hambre es un latigazo escandaloso en el cuerpo de nuestra humanidad y nos invita a sentir remordimiento de conciencia. Cuidar nuestra tierra es cuidarnos a nosotos, porque somos agua, aire, tierra, cielo, luz...

          Esperanza en la resurrección: Somos hijos del evangelio del crucificado que ha resucitado. Los cristinanos no nos enterramos con nuestras vidas, sino que dejando nuestros restos mortales en el sepúlcro, sembramos nuestra vida en Cristo esperando resucitar con él. Por eso sentimos y creemos que la historia de la humanidad no termina con la muerte, que esta no tiene la última palabra, sino la vida.

          Es la resurrección la que justifica toda la historia y le de sentido a todo lo vivido, llevándolo a la plenitud. Habrá justicia y salvación y eso nos mueve al compromiso de la construcción de un mundo mejor, elaborando los materiales del Reino de la Vida. Porque hoy el Señor resucitó y de la muerte nos libró. Aleluya.

 


 

Escribe Paco Mira:


EL PESO DE LA LEY, EL PERDÓN

 

El peso de la ley debe caer con toda su fuerza y rigor sobre una mujer sorprendida en adulterio. Porque, claro, la ley está para cumplirla, repetimos a menudo, sin pensar demasiado para nada en lo que decimos y la ley de Moisés manda apedrear a las prostitutas. No hay escapatoria posible, es evidente: hay que apedrearla, ejecutando la sentencia que la ley dicta. Y no puede haber perdón, pues entonces la ley sería innecesaria.

En esta etapa final de la Cuaresma es muy habitual que en las comunidades parroquiales, se organicen celebraciones penitenciales comunitarias, con confesión y absolución individuales. Y, salvo excepciones, de año en año se nota la disminución de la participación en estas celebraciones. Y lo mismo ocurre el resto del año: cada vez son menos los fieles que piden confesión. Las causas son muchas: separación entre fe y vida, pérdida del sentido del pecado pero hay una que supone un fuerte obstáculo: ‘Decir los pecados al confesor’. Muchos piensan que por qué deben contarle al cura sus pecados, y por eso prescinden de este Sacramento.  

La mayor desfiguración del Dios de Jesucristo es aplicarle el rostro de juez y de condena. Pasar de la bendición al miedo es lo propio del pecado y del alejamiento de Dios, aún cuando se haga en su nombre. La historia lo es de salvación por voluntad propia del que la dirige y acompaña. El enfrentamiento de Dios contra el mal y el pecado sólo lo es en función de la curación, la sanación y la liberación de los que están sometidos y lo sufren.

El pasaje de la mujer adúltera es una lección para los que se creen justos y desprecian a los demás. El filósofo dijo que «el hombre era lobo para el hombre», es decir un ser que se realiza destruyendo, sometiendo y devorando al otro. Tal vez la definición sea exagerada, pero observando el medio ambiente político que vivimos y los acontecimientos bélicos del momento, algo de verdad puede tener..

Desde una observación imparcial es imposible no ver como hay personas que parecen realizarse solo cuando encuentran carnaza que devorar, cuando tienen a tiro de piedra algún adúltero o adúltera, con quien desahogarse dando rienda suelta a la violencia que generan sus propias frustraciones activando sus malas maneras. Así regocijándose en la miseria del otro, muestra el fariseo-hombre-lobo su personalidad: es un ser acomplejado e inseguro.

Aquellos  que pretenden poner en evidencia a Jesús a costa de la mujer adúltera, pertenecen a ese gremio de los fariseos-hombres-lobo comedores de carroña, raza de los que se creen impecables y por tanto convencidos de su derecho a juzgar y decidir sobre los demás con total impunidad. Incluso en nuestras comunidades parroquiales: caritas, liturgia, catequesis... nos creemos por encima de los demás.

Pero el encuentro sincero con Jesús, hizo que aquellos fariseos tuvieran la honradez de mirar su propia pecado y desde ahí fueron capaces de mostrar misericordia. Aquellos judíos acusadores son pues, criticables por una parte, pero dignos de consideración por el valor de reconocer su propio error. Iniciaron ahí su conversión al Dios del perdón.

Este domingo, previo al domingo de Ramos, el evangelio nos pone ante nosotros mismos. Quiere que miremos nuestras manos cargadas de piedras dispuestas a ser arrojadas sobre los demás sin misericordia. Deberíamos preguntarnos si estamos libres de pecado; si no somos tan miserables como los adúlteros que los que apedreo con mis juicios mentales y con mis palabras. Con qué derechos nos erijimos en acusadores de nuestros hermanos.

El perdón de Dios nos abre a una vida nueva, como a la mujer pecadora del evangelio y quien sabe si también a los acusarodes.

 

 

Hasta la próxima

Paco Mira

 

Escribe Paco Mira:


PERDÓN, SÍ, PERDÓN

 


 La parábola del padre y los dos hijos, además de ser una obra maestra de la literatura, constituye el núcleo del Evangelio del Señor. Podríamos decir que esta parábola es el Evangelio del Evangelio. Si alguien nos pregunta qué es el cristianismo, el cristianismo es esta parábola"

"Lo central en el cristianismo es un Dios padre bueno, acogedor, perdonador siempre y con todos"

"La última palabra del Dios de Jesús (del cristianismo) es la compasión bondad, el perdón, la gracia. La realidad última y definitiva cristiana es la casa el Padre: la vida, la fiesta

Probablemente si hay una parábola famosa en el evangelio, es la que acabamos de escuchar. Estoy convencido que Jesús se rodeaba de personas que tenían muchos pecados, de personas que habían hecho cosas malas; que todo el mundo les miraba mal o que no se fijaban en ellos...por eso Jesús habla tanto del perdón, por eso sabe que un pecador arrepentido lo que más desea es sentirse perdonado, que alguien le diga que es buena persona, que tiene una segunda oportunidad para hacer el bien, para tener otra vida digna. Pero claro, en la sociedad de Jesús eso del perdón no estaba muy de moda. Estaban los «buenos oficiales», que en teoría nunca hacían nada malo y los pecadores o pecadoras que ya llevaban una mala fama, siermpre sin la posibilidad de perdón, siempre mirados mal.

La parábola del hijo pródigo nos pone delante de nosotros un camino. Un camino de alejamiento de la casa del Padre, aunque el deseo de marchar podría ser bueno, podría el de construir otra casa como la del Padre, pero el camino lo ha alejado de todo lo que debía ser, de toda la estimación que había tenido en casa, incluso se encuentra sin poder alimentarse.

Emprende el camino de vuelta. Es el mismo camino que lo había alejado. Tiene fuerzas para hacerlo porque está lleno del recuerdo del amor del Padre, ese amor que él hubiera querido vivir y que no ha encontrado y que caminando se le hace presente. El camino que lo había alejado, ahora lo acerca.

El pecado del hijo menor nos resulta hoy facilmente identificable en muchas personas que han abandonado su fe, pero no hemos de olvidarnos del hijo mayor, que “siempre ha estado en casa”, nosotros que siempre venimos a misa y somos de precepto y de cumplimiento dominical. El Padre respeta la opción equivocada de sus hijos con dolor, porque donde hay amor siempre hay sufrimiento. Sabe que la lejanía en la que se han situado sus hijos, les hace infelices.

El padre lo espera al final del camino, sale de la casa y se le echa al cuello y lo cubre de besos, de besos de perdón y de paz. Dios toma la iniciativa saliendo a buscarles. Y ni siquiera deja que le cuente todo lo que había aprendido, no sea que dijera algo que no procediera. Pero una vez en casa, deberá volver a aprender a ser como el Padre. Se ha completado el camino del penitente, el camino de la conversión. Ha vencido el camino del amor.

No les pide cuentas de lo que hacen, les ofrece el perdón de manera gratuita. Los dos hermanos son tratados con un amor espontáneo: al pequeño lo abrazó y el mayor también le llama hijo, le hace ver que lo importante es disfrutar de su amor, de su compañía, y que junto a él, todo lo tiene: «hijo, tú estás siempre conmigo y todo lo mío es tuyo»

Esta es la clave de todo:¡ ser como el Padre!. Demasiadas veces hemos aprovechado la parábola para hablar del hijo menor y no hemos puesto suficiente importancia en la cuestión de que cambiar significa volver a ser como el Padre, cuya imagen y semejanza hemos sido creados.

El arrepentimiento, el regreso a casa, es la medicina que causa la alegría del corazón. El retorno al hogar del Padre se da cuando reconocemos que nos equivocamos y pedimos perdón a traves del sacramento de la reconciliación.

Ojalá sepamos reconocer el don de Dios y conmovernos ante los rotos de la historia con la misma mirada y misericordia recibidas en nuestro propio peregrinaje personal. Poder escuchar los latidos de ese corazón divino que se conmueve ante nosotros y todas nuestras sombras; él que nos capacita para saber mirar a los otros, heridos y perdidos, dolientes de la historia, como verdaderos hermanos nuestros.

 

 

 

Hasta la próxima

Paco Mira

 

Escribe Paco Mira:

VAMOS DE VIAJE



Si cerramos los ojos y nos ponemos a soñar con ser un deportista de élite o nos fijamos en alguno que nos cause simpatía, nos damos cuenta que no ha llegado por arte de magia a lo que hoy en día es: esfuerzo, sacrificio, horas de gimnasio, horas que le ha robado a la familia, cantidad de privaciones para poder llegar hasta donde ha llegado.... es lo que podríamos denominar “el gymnasio de la cuaresma”. En definitiva donde nos ponemos en forma para poder llegar a la pascua en el mejor momento posible. Y para ello empezamos y comenzamos con algo duro: el desiérto.

Cuando alguna agencia de viaje nos oferta una excursión al desierto, seguro que no nos falta de nada. Da gusto ir a un lugar inhóspito, infernal, nada confortante ni recomendado. Las temperaturas no siempre son las más agradables. Al contrario, lo que pretendemos es salir corriendo de una situación que no es la que deseamos.

Dice nuestro texto evangélico que el Espíritu, como si no fuera su amigo, lo fue llevando.... Jesús se presenta como el caminante en el desiérto: buscando, preguntándose, haciendo camino. El tiene que hacer y recorrer su propio camino. Sentirá en su piel el drama interior de cómo puede ser fiel al camino trazado por Dios. Tuvo la necesidad de discernir su camino, la voluntad del Padre, el sentido de su existencia. La vida, como el desiérto, son siempre un lugar de prueba y discernimiento.

Jesús nos hace la invitación de acompañarle al desiérto, a entrar en nosotros mismos, a luchar contra las tentaciones y encontrarnos con Dios. El desiérto, en la Biblia,  es un lugar de prueba y tentación, morada del mal y de los malos espíritus que atacan al hombre. Pero también es un lugar de encuentro con Dios, de decisiones y experiencias divinas. En el desiérto se experimenta el enfrentamiento con el mal y al mismo tiempo la ayuda de Dios.

Jesús pasa cuarenta días. Teniendo su significado bíblico, también es el tiempo en el que la prueba nos pone a cada uno en su sitio. El diablo es el adversario por autonomasia del plan de Dios sobre la humanidad. Justifica el fin con medios que avasallan y niegan la libertad de la persona.

La primera tentación que se le propone a Jesús es la de renunciar a su condición de hombre caminante: en su andar, sentirá hambre: Pero su verdadera hambre será de justicia, de amor, de libertad y de fraternidad y por ello responderá con la palabra de Dios.

La segunda tentación es renunciar a la filiación con Dios en el servicio fraterno. Es la prueba de los reinos de este mundo. Es la tentación del poder, del dominio sobre los hombres, de la autoridad impuesta por la violencia. La adoración a Dios y solo a Dios, nos hace rebeldes, libres y fraternos.

La tercera tentación es provocar a Dios. Es la tentación del prestigio: utilizar pordigios llamativos para embaucar a la gente. Es la tentación de la falta de responsabilidad: provocar la providencia de Dios no haciendo nada por nuestra parte. En el fondo es la tentación de renunciar a la cruz.

Está claro que Dios no nos lo pone fácil. Y no lo hace no por nada, sino para que el ser humano se de cuenta que el camino que lleva a la salvación pasa por la cruz, para por la dureza de la vida en la que estamos viviendo en el momento presente y que nos va a poner en bandeja todo lo necesario para dejar arrinconado a Dios en el trastero de nuestra vida.

Hemos sido creados libres, libres para amar; para parecernos a nuestro creador. Y porque somos libres, podemos escoger voluntariamente lo contrario y pasar de amar a amarnos, del amor al egoismo y no hay más que un paso. La vida nos lleva a elegir continuamente, lo que quiere decir que la tentación se nos presenta permanentemente en las pequeñas tentaciones de cada día, que nos pueden empujar a ser lo que no querríamos.

Pasemos por el desiérto de la vida, y descubramos las tentaciones como algo propio de superación.

 

 

 

 

 

Hasta la próxima

Paco Mira

 

 

 

 

 

 

Escribe Paco Mira:

LA CARA ES EL ESPEJO 

DEL ALMA

 


Hace unas semanas fue noticia que una actriz, bastante bien valorada, había publicado tiempo atrás unos comentarios en redes sociales que presuntamente resultaban inaceptables. Esto provocó sorpresa en muchos que hasta ese momento la habían ensalzado y en pocos días vio anuladas sus apariciones públicas. Más allá de las circunstancias de este hecho, esta situación se produce con bastante frecuencia, no sólo en el ámbito público o redes sociales, sino también en nuestro entorno más cercano: tenemos muy buena opinión de una persona, pero un día leemos o escuchamos lo que dice al respecto a algún tema y nos sorprende negativamente, y nos sentimos engañados.

Una de las tendencias de la moda actual es la de tener un entrenador personal, en el cultivo físico, en el gimnasio; un sícologo de cabecera para ayudarnos a centrar nuestra vida; un director artístico... y, así, un largo etc. Todos necesitamos ser guiados o, como se dice ahora, acompañados. La vida cristiana es de largo recorrido y hemos de andarla con otros, para no perdernos ni desanimarnos, contando con líderes y acompañantes que nos marquen una ruta.

Nuestros padres y familiares los queremos siempre y algunos serán unos modelos a imitar a lo largo de toda nuestra vida. Lo primero que tenemos que hacer es adivinar el fondo de la persona. El que es bueno, nos dice el evangelio, de la bondad que atesora en su corazón saca el bien, y el que es malo, de la maldad saca el mal; porque lo que rebosa del corazón, lo habla la boca. Para buscar a alguien a quien podamos seguir o imitar, no hemos de quedarnos en las apariencias, en comportamientos falsos e impostados. De su mano podríamos dar un mal paso para caer en el abismo.

Por eso, Jesús pone unos ejemplos claros: ¿Acaso puede un ciego guiar a otro ciego?. No se trata de una ceguera física, sino de la mirada de quienes lo hacen no como Dios, sino como ellos mismos. Otra: No está el discípulo sobre el Maestro. El que transmite sus propias ideas suplanta al verdadero Maestro, que es Jesús, con las nefastas consecuencias que los mesianismos han provocado a lo largo de la historia. Hay que decir con el Papa Francisco: ya no decimos que somos discípulos y misioneros, sino que somos siempre discípulos y misioneros.

La mota en el ojo ajeno y no la viga en el nuestro. El que no tiene la mirada de Dios, acaba convirtiéndose en un hipócrita, alguien que acaba convirtiéndose en árbitro y juez de los demás pero que no reconoce sus propios errores. Cada árbol se conoce por sus frutos. Por mucho que usemos muchos gestos de fe, si no brotan de la verdadera experiencia personal de encuentro con el Señor, acabamos deleitándonos en nuestra propia hipocresía, porque en realidad nuestro corazón rebosa sólo de nuestras propias ideas, no las de Jesús. Y, lo que es peor, haremos brotar frutos malos en nosotros y en quienes nos hayan creído.

Sin duda que la cara es el espejo del alma y de todo nuestro interior. Cuando nuestra madre nos decía, a ti te pasa algo, aunque nosotros negaramos la evidencia, sabíamos que a ella nadie le podía engañar y que en el fondo era verdad lo que ella detectaba en nuestra cara. Si la cara es el espejo del alma, podemos preguntarnos si nuestro espejo es Dios en el que nos miramos; si nuestro espejo son las acciones que hacemos a lo largo de nuestra vida, pero no según nosotros creemos sino según lo que Dios quiere para cada uno de nosotros.

Vamoa a iniciar un tiempo maravilloso de volvernos a Dios, de volvernos desde nosotros mismos a la conversión y al perdón. Vamos a iniciar la cuaresma que es la oportunidad anual que Dios nos oferta para actuar como él quiere que lo hagamos. Lo que rebosa del corazón lo habla la boca es el final del evangelio de hoy y es lo que nos hace auténticos ante el Padre y verdaderos creyentes en medio de los hombres. Y es que la hipocresía y el fariseísmo nada tienen que ver con el evangelio de Jesús. En no pocas ocasiones los cristianos velamos, más que revelamos, la vida y el mensaje de Jesús con nuestras palabras y obras.

 

 

Hasta la próxima

Paco Mira

 

Escribe Paco Mira:


CUIDADO CON LOS QUE NO CUIDAN A LOS POBRES




¿Qué tengo yo que hacer para ser feliz?. Es la pregunta de ayer, de hoy y seguro que de mañana. De un tiempo a esta parte, la Inteligencia Artificial es la reina de las nuevas tecnologías. Los usuarios de a pie, disponemos de aplicaciones que hacen verdaderas maravillas que en un principio no se distinguen de realizaciones hechas por humanos. La Inteligencia Artificial puede complementar, superar y sustituir las capacidades humanas en muchos ámbitos, sobre todo en tareas complicadas como la medicina, estudios científicos, etc... Muchos ven la Ingeligencia Artificial como la solución a los problemas de la humanidad, pero otros temen que se genere una dependencia de ella y que nos vuelva más tontos.

Acostumbrados a escuchar las bienaventuranzas tal y como aparecen en Mateo, se nos hace duro a los cristianos de los países más o menos avanzados leer el texto que nos ofrece Lucas, el que por cierto parece que pertenecía a una clase acomodada. Sin embargo, lejos de suavizar el mensaje de Jesús, Lucas lo presenta de manera provocativa.

Junto a las bienaventuranzas a los pobres, el evangelista recuerda las malaventuranzas a los ricos: “Dichosos los pobres... los que ahora tienen hambre, los que ahoran lloran...”. Pero “ay de ustedes los ricos... los que ahora están saciados... los que ahoran rien...”. El evangelio no puede ser escuchado de igual manera por todos. Mientras que para los pobres es una buena noticia que nos invita a la esperanza, para los ricos es una amenaza que nos tiene que llamar a la conversión. ¿Cómo escuchar este evangelio en nuestras comunidades cristianas.

Antes que nada, Jesús nos pone a todos ante la realidad más sangrante que hay en el mundo, la que más le hacía sufrir a él, la que más llega al corazón de Dios, la que está más presente ante sus ojos. Una realidad que, desde los países más ricos, tratamos de ignorar y silenciar una y otra vez, encubriendo de mil maneras la injusticia más cruel e inhumana de la que, en buena parte, nosotros somos culpables.

Los cristianos no hemos descubierto todavía toda la importancia que pueden tener los pobres en la historia del cristianismo. Ellos nos dan más luz que nadie para vernos en nuestra propia verdad, sacuden nuestra conciencia y nos invitan permanentemente a la conversión. Ellos nos pueden ayudar a configurar la Iglesia del futuro, esa Iglesia que el Papa Francisco nos preguntó al comienzo del Sínodo, una Iglesia más evangélica. Nos pueden hacer más humanos y más capaces de austeridad, solidaridad y generosidad.

Los pobres entienden a Jesús. No son dichosos por su pobreza. Su miseria no es un estado envidiable, ni el ideal. Jesús los llama dichosos porque Dios está de su parte. Su sufrimiento no durará para siempre porque Dios les hará justicia. Jesús es realista. Sabe muy bien que sus palabras no significan ahora mismo, el final del hambre y de la miseria de los pobres. Pero el mundo tiene que saber que ellos son los hijos predilectos de Dios, y esto confiere a su dignidad una seriedad absoluta. Su vida es sagrada.

Esto es lo que Jesús quiere dejar bien claro en un mundo injusto: los que no interesan a nadie son los que más le interesan a Dios; los que nosotros marginamos (acribillamos a papeles, a burocracia, a vuelva usted mañana, le falta todavía una fotocopia...) son los que ocupan un lugar privilegiado en su corazón; los que no tienen quien los defienda, le tienen a él como Padre. Los que vivimos acomodados en la sociedad de la abundancia no tenemos derecho a predicar a nadie las bienaventuranzas de Jesús. Lo que tenemos que hacer es escucharlas y a empezar a mirar a los pobres, a los hambrientos, a los que lloran, a los que sufren... como los mira Dios.De ahí puede nacer nuestra conversión.

Sin duda las bienaventuranzas son una provocación. No hay cursos para ser santos, pero sí hay un programa que nos puede poner en camino para hacer de nuestra vida un testimonio del acontecer de Dios en nosotros: vivir el espíritu de las bienaventuranzas. Las bienaventuranzas contienen los ingredientes que construyen seres humanos a la manera de Jesús. Es un valor ser pobre, trabajar por la paz, luchar por la justicia... ¿la gente te confunde con Jesús?

 

 

Hasta la próxima

Paco Mira