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Escribe Paco Mira:

 

TODO AMOR ES UN MISTERIO

 


 Muchos hemos oído desde pequeños la frase ‘Tanto monta, monta tanto, Isabel como Fernando’, creyendo que era el lema de los Reyes Católicos, aunque no es así; ‘Tanto monta’ era sólo una abreviatura de la divisa Fernando el Católico. Pero la frase pasó a la cultura popular dándole un significado: que en un grupo humano, da igual quien hable o haga las cosas, porque todos tienen la misma autoridad; o bien que no importa el orden o la forma en que se hagan las cosas, porque el resultado final será el mismo.  

Hoy, una vez finalizado el tiempo de Pascua, celebramos la Solemnidad de la Santísima Trinidad. A menudo, cuando pensamos en la Santísima Trinidad, la vemos como una especie de rompecabezas, en el que debemos encajar el Tres en Uno y el Uno en Tres; tampoco nos sirven de mucho los necesarios argumentos teológicos que muestran la razonabilidad de la afirmación del Dios Uno y Trino, porque superan la capacidad de entendimiento del común de la gente.

Pero debemos y necesitamos conocer cada vez mejor a Dios, porque de la idea e imagen que tengamos de Él dependerá el tipo de relación que tendremos con Él.

En el Evangelio hemos escuchado que Jesús decía del Espíritu Santo: “no hablará por cuenta propia, sino que hablará de lo que oye… porque recibirá de lo mío y os lo anunciará. Todo lo que tiene el Padre es mío. Por eso os he dicho que recibirá y tomará de lo mío y os lo anunciará”. Jesús amplía el Misterio de Unidad, incluyendo al Espíritu Santo, que no actúa “por cuenta propia”, de forma independiente, sino en total unión con el Padre y del Hijo. 
La celebración del mayor misterio de nuestra fe, la Santísima Trinidad, nos invita a afirmar: ‘Tanto monta, monta tanto, el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo’. Como diremos en el Prefacio, son «tres Personas distintas, de única naturaleza e iguales en dignidad». Son Tres Personas distintas que comparten el ser Dios, y en ese ‘ser Dios’, las Tres son iguales en su dignidad, no hay Uno más que Otro.

A lo largo de los siglos, los teólogos se han esforzado por investigar el misterio de Dios ahondando conceptualmente en su naturaleza y exponiendo sus conclusiones con diferentes lenguajes. Pero, con frecuencia, nuestras palabras esconden su misterio más que revelarlo. Jesús no habla mucho de Dios. Nos ofrece sencillamente su experiencia.

A Dios Jesús lo llama “Padre” y lo experimenta como un misterio de bondad. Lo vive como una Presencia buena que bendice la vida y atrae a sus hijos e hijas a luchar contra lo que hace daño al ser humano. Para él, ese misterio último de la realidad que los creyentes llamamos “Dios” es una Presencia cercana y amistosa que está abriéndose camino en el mundo para construir, con nosotros y junto a nosotros, una vida más humana.

Jesús no separa nunca a ese Padre de su proyecto de transformar el mundo. No puede pensar en él como alguien encerrado en su misterio insondable, de espaldas al sufrimiento de sus hijos e hijas. Por eso, pide a sus seguidores abrirse al misterio de ese Dios, creer en la Buena Noticia de su proyecto, unirnos a él para trabajar por un mundo más justo y dichoso para todos, y buscar siempre que su justicia, su verdad y su paz reinen cada vez más en entre nosotros.

Por otra parte, Jesús se experimenta a sí mismo como “Hijo” de ese Dios, nacido para impulsar en la tierra el proyecto humanizador del Padre y para llevarlo a su plenitud definitiva por encima incluso de la muerte. Por eso, busca en todo momento lo que quiere el Padre. Su fidelidad a él lo conduce a buscar siempre el bien de sus hijos e hijas. Su pasión por Dios se traduce en compasión por todos los que sufren.

Por eso, la existencia entera de Jesús, el Hijo de Dios, consiste en curar la vida y aliviar el sufrimiento, defender a las víctimas y reclamar para ellas justicia, sembrar gestos de bondad, y ofrecer a todos la misericordia y el perdón gratuito de Dios: la salvación que viene del Padre.

Por último, Jesús actúa siempre impulsado por el “Espíritu” de Dios. Es el amor del Padre el que lo envía a anunciar a los pobres la Buena Noticia de su proyecto salvador. Es el aliento de Dios el que lo mueve a curar la vida. Es su fuerza salvadora la que se manifiesta en toda su trayectoria profética.

Este Espíritu no se apagará en el mundo cuando Jesús se ausente. Él mismo lo promete así a sus discípulos. La fuerza del Espíritu los hará testigos de Jesús, Hijo de Dios, y colaboradores del proyecto salvador del Padre. Así vivimos los cristianos prácticamente el misterio de la Trinidad.

 

 

Escribe Paco Mira:

 

LAS PALABRAS SE LAS LLEVA EL VIENTO



          No hace mucho, todo el mundo desde la tristeza de la despedida del Papa Francisco, esperaba con expectación la llegada de uno nuevo. Se hacían conjeturas sobre el nombre: nos íbamos a Asia, nos quedamos en Italia, alguno deseaba que fuera alguien del continente hermano de Africa. Y al final nos fuimos a Norteamérica, a un misionero, a un agustino cuyo fundador dijo Ama y haz lo que quieras, un hombre de raíces españolas... un León que tiene que rugir en la selva de la vida y que el primer deseo que tuvo, sus primeras palabras fueron: deseemos la paz y contruyamos puentes.

¿Por qué es tan difícil la paz? ¿Por qué fracasa una y otra vez el diálogo? ¿Por qué se vuelve una y otra vez al enfrentamiento y a la agresión mutua? ¿Por qué se ponen tantos obstáculos a la concordia? Una cosa es cierta: No cualquier persona puede sembrar paz, solo quienes poseen paz pueden ponerla en la sociedad. Con el corazón lleno de resentimiento, de intolerancia, de dogmatismo, se puede movilizar a algunos sectores; con actitudes de prepotencia, de hostilidad, de agresión, se puede hacer política y propaganda electoral, pero no se puede aportar verdadera paz a la convivencia de las gentes.

Nos falta paz porque nos faltan hombres y mujeres de paz. Quienes la poseen en su corazón la llevan consigo y la difunden. Jesús nos dice: «Que no tiemble vuestro corazón ni se acobarde». Mucha gente tiene hambre de Jesús y de su paz. Estamos llamados a ser una Iglesia en salida, caminando juntos, en sinodalidad, hacia una Iglesia más fiel a Jesús y a su Evangelio, con cristianos que acojan el Espíritu de Dios, no pierdan la paz y la siembren.

Cuando en la iglesia se pierde la paz no es posible recuperarla de cualquier manera ni sirve cualquier estrategia. Es necesario convertirnos humildemente a su verdad, movilizar todas nuestras fuerzas para desandar caminos equivocados y dejarnos guiar por el Espíritu de Dios.

Son muchos los conflictos que sacuden nuestra sociedad. Además de tensiones y enfrentamientos que se producen entre personas y en el seno de las familias, graves conflictos de orden social, político y económico impiden entre nosotros una convivencia pacífica. Para resolver los conflictos hemos de hacer siempre una opción: o escogemos la vía del diálogo y del mutuo entendimiento o seguimos los caminos de la violencia y del enfrentamiento. Por eso, muchas veces, lo más grave no es la existencia misma de los conflictos, sino que una sociedad  termine creyendo que los conflictos solo se pueden resolver por la imposición de la fuerza.

A veces pensamos que los conflictos de dan fuera: ¡cuántas peleas no hay en nuestras comunidades parroquiales!¡cuánto afán de protagonismos que lleva al enfrentamiento con otros miembros de la comunidad. “en esto conocerán que son mis discípulos: que se aman los unos a los otros”. ¡cuántos codazos nos damos para llegar a los primeros lugares y a veces ponemos hasta zancadillas para que el otro no llegue primero que yo.

Vivamos y enseñemos nosotros el valor del respeto, el amor capaz de asumir toda diferencia, la prioridad de la dignidad de todo ser humano sobre cualesquiera que fueran sus ideas y su procedencia en el origen, incluso respetemos, como decía el Papa Francisco, su propio pecado.

Los grandes santos fueron hombres y mujeres de Dios, pero también de gran compromiso solidario y cuando decimos que son hombres y mujeres de Dios, queremos decir que son hombres y mujeres que aúnan la oración y el servicio a los demás, especialmente a los pobres.

 

 

          Hasta la próxima

          Paco Mira

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Escribe Paco Mira:

EL AMOR ES LO ÚNICO


              
Hace unos días contacté con unos profesionales para realizar unas reparaciones en mi casa. Tras concretar el día y hora en que vendrían a hacer los trabajos, me pidieron: ‘Mándenos su ubicación’. Antes, cuando teníamos que encontrarnos con alguien, le pedíamos la dirección, pero hoy en día, con las nuevas tecnologías, se pide la ubicación, que señala el emplazamiento físico de algo o alguien, y podemos ver en el móvil por dónde ir y si estamos cerca o lejos del destino.  

Para que sepamos por dónde ir, hoy Jesús también nos envía ‘la ubicación’ del Reino. Un escriba se acercó a Jesús y le preguntó: “¿Qué mandamiento es el primero de todos?”. Ciertamente, este escriba ya conocía el mandamiento que hemos escuchado en la 1ª lectura: “Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma y con todas tus fuerzas”. Pero, según la tradición judía, la Torá (el conjunto de los cinco primeros libros de la Biblia) contiene 613 mandamientos, y por eso quiere conocer el itinerario correcto para llegar al encuentro con Dios.

Jesús le responde que, efectivamente, «el primero es: amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente, con todo tu ser». Pero, para darle la ubicación precisa y que no se pierda en la maraña de mandamientos y preceptos, añade un segundo mandamiento tomado del Levítico, «amarás a tu prójimo como a ti mismo. No hay mandamiento mayor que estos».

El amor no está en el mismo plano que otros deberes. No es una norma más, perdida entre otras normas más o menos importantes. Amar es la única forma sana de vivir ante Dios y ante las personas. Si en la política o en la religión, en la vida social o en el comportamiento individual, hay algo que no se deduce del amor o va contra él, no sirve para construir una vida humana. Sin amor no hay progreso.

Se puede vaciar de Dios la política y decir que basta de pensar en el prójimo. Se puede vaciar del prójimo la religión y decir que lo decisivo es servir a Dios. Para Jesús, Dios y el prójimo son inseparables. No es posible amar a Dios y desentenderse del hermano.

No hay un ámbito sagrado en el que nos podamos ver a solas con Dios, ignorando a los demás. No es posible adorar a Dios en el fondo del alma y vivir olvidado y olvidando a los que sufren. El amor a Dios, Padre de todos, que excluye al prójimo se reduce a mentira.

Hoy Jesús nos recuerda cuál es la ubicación del Reino de Dios. Nos corresponde comprobar si estamos yendo por el buen camino, y si estamos cerca o lejos del reino, evaluando nuestro amor tanto a Dios como a los hermanos. A veces nos centramos mucho en devociones de piedad, en el culto a Dios, en una fe intimista, en una espiritualidad desencarnada, y del compromiso cristiano lo dejamos para un lugar secundario. Pero también al revés: caemos en el activismo, en múltiples compromisos y descuidamos nuestra relación con Dios, no descubrimos la necesidad de la oración, de la formación de la participación en la eucaristía, etc....

          La ubicación del Reino de Dios que nos ha dado Jesús, con esas coordenadas del amor a Dios y al prójimo como a uno mismo nos recuerda que el camino hacia el encuentro con Dios se recorre amando a Dios sobre todas las cosas, pero ese amor no queda encerrado en nosotros mismos, sino que, teniéndolo como fuente, nos entregamos al prójimo, amándolo como a nosotros mismos para que también pueda conocer y vivir lo que nosotros hemos conocido y disfrutamos.

 

Hasta la próxima

Paco Mira

 

 

Escribe Paco Mira:

EL AMOR Y EL

 JOVEN TOBÍAS




            Siempre lo digo y es que cada domingo que pasa, el evangelio, el propio Jesús, cada vez lo pone más complicado. Luis Aragonés, gran futbolista y quizás mejor entrenador del mismo deporte (tanto en clubs como en la selección), cuando le preguntaban que qué había que hacer para llevar un partido adelante, siempre repetía lo mismo: ganar, ganar y ganar.

         Digo esto porque el evangelio de este fin de semana, nos pone ante lo que tenemos que hacer en la vida: amar, amar, amar. Nuestra religión (probablemente todas) se ha basado en infinidad de leyes y normas para poder cumplir, creyendo que es la mejor forma de llevar a la práctica el mensaje de Jesús de Nazaret. Y seguro que la ley, mata la norma del corazón.

         Con lo fácil que nos lo pone Jesús: amar a Dios, pero para ello hay que amar a los hermanos, amarnos entre nosotros y solo así podremos amar a Dios Padre, que ante todo es amor. Quizás tengan que entenderlo los israelitas y los palestinos, los rusos y los ucranianos y tantos y tantos pueblos que siguen sin amarse entre sí, pero enarbolan una bandera de amor a su país.

         Las palabras de Jesús son claras: el amor lo es todo. Lo decisivo en la vida es amar. Lo primero es vivir ante Dios y ante los demás en una actitud de amor. No hemos de perdernos en cosas accidentales y secundarias olvidando lo esencial. Del amor arranca todo lo demás. Sin amor queda todo pervertido.

         Al hablar de amor a Dios, Jesús no está pensando en los sentimientos o emociones que pueden brotar de nuestro corazón. Ni tampoco nos está invitando a multiplicar nuestros rezos y oraciones. Amar al Señor, nuestro Dios, con todo el corazón es reconocer a Dios como fuente última de la existencia, despertar en nosotros una adhesión total a su voluntad y responder a su amor de Padre de todos.

         Nos queremos reflejar en su amor, capaz de amar a las personas tal y como son, a pesar de sus defectos y limitaciones. Como cristianos tenemos la gran suerte de conocer y creer en un Dios que es amor, y eso nos compromete a reflejar este amor en nuesstra vida cotidiana y a reconocerlo en cada ser humano que nos cruzamos en el camino. Es esta la revolución que nos plantea la fe cristiana: amar a los otros con ese amor incondicional que nosotros hallamos en Dios, y que es capaz de superar las diferencias y divisiones. En un mundo como el nuestro, tan marcado por la indiferencia, el egoismo y la violencia, este amor nos invita a romper barreras y tender puentes, a buscar el bien común y a trabajar por la justicia y la paz.

         Esta semana está de fiesta Vecindario y su himno empieza diciendo que «el joven Tobías un día esperaba que un hombre bueno le acompañara». Ante momentos de dificultad como los que estamos viviendo, de paro, incertidumbre, de precariedad económica en muchos casos... siempre hay hombres buenos, llenos de amor capaces de acompañar en los momentos esenciales de la vida, en los momentos que marcan nuestra existencia, en los momentos en que más necesitamos la mano amiga.

         Sigue diciendo el texto que «salió al camino y encontró a aquel  guía y camino, San Rafael». Tenemos que salir a los caminos de la vida, muchas veces para encontrar a los Tobías que nos ayuden a avanzar por el camino del bien y de la verdad; en esos caminos encontramos ángeles y arcángeles que sin colgarse medallas nos van marcando la senda del bien. Quizás no sean famosos, pero desde el anonimato son capaces de guiarnos.

         Nuestro pueblo está de fiesta. Que ésta no enturbie lo esencial que es el encontrarse en la alegría y el recorrer el camino juntos para llegar a la meta en la medida que en que vayamos llegando. La fiesta ha de iluminar la alegría que tiene que reinar en un pueblo; la fiesta es la que tiene que marcar que el amor que nos hace compartir juntos lo que somos y tenemos, tenemos que llevarla hasta el final.

         Nosotros tenemos que ser Rafaeles de la vida. Tenemos que ser la medicina en la que muchos se apoyan para poder seguir adelante. Así como nosotros salimos al encuentro de los demás, estos también salen al encuentro nuestro, porque en nosotros ponen su afán y confianza desde y con amor.

         Amigos, el mundo necesita testigos vivos que ayuden a las futuras generaciones a creer en el amor pues no hay un futuro esperanzador para el ser humano si termina por perder la fe en el amor. Amemos a Dios sobre todas las cosas, pero veamos en el hermano al que amamos el rostro misericordioso de Dios Padre y Amnor

Hasta la próxima

Paco Mira


 

Escribe Paco Mira:

           LAS LEYES ACTUALES, ¿SON EVANGÉLICAS?


            Cuando sucede un hecho luctuoso, algo desagradable, algo que no queremos ni para nosotros ni para los demás, cuando estamos en caliente, podemos decir y hacer barbaridades. Sobre todo, cuando nos pilla algún ser querido, cercano, familiar… Es – diría yo – hasta humano. Mi abuela que por los años era sabia, me decía que antes de hablar o de actuar, contara hasta cincuenta (número ficticio), y que después de contar vería las cosas de otra manera. Y en algunos casos, ¡hasta funcionaba!

         La llamada al amor es siempre seductora. Seguramente, muchos acogían con agrado la llamada de Jesús a amar a Dios y al prójimo. Era la mejor síntesis de la Ley. Pero lo que no podían imaginar es que un día les hablara de amar a los enemigos.

Sin embargo, Jesús lo hizo. Sin respaldo alguno de la tradición bíblica, distanciándose de los salmos de venganza que alimentaban la oración de su pueblo, enfrentándose al clima general de odio que se respiraba en su entorno, proclamó con claridad absoluta su llamada: “Yo, en cambio, os digo: Amad a vuestros enemigos, haced el bien a los que os aborrecen y rezad por los que os calumnian”.

Su lenguaje es escandaloso y sorprendente, pero totalmente coherente con su experiencia de Dios. El Padre no es violento: ama incluso a sus enemigos, no busca la destrucción de nadie. Su grandeza no consiste en vengarse sino en amar incondicionalmente a todos. Quien se sienta hijo de ese Dios, no introducirá en el mundo odio ni destrucción de nadie.            

El amor al enemigo no es una enseñanza secundaria de Jesús, dirigida a personas llamadas a una perfección heroica. Su llamada quiere introducir en la historia una actitud nueva ante el enemigo porque quiere eliminar en el mundo el odio y la violencia destructora. Quien se parezca a Dios no alimentará el odio contra nadie, buscará el bien de todos incluso de sus enemigos.

Cuando Jesús habla del amor al enemigo, no está pidiendo que alimentemos en nosotros sentimientos de afecto, simpatía o cariño hacia quien nos hace mal. El enemigo sigue siendo alguien del que podemos esperar daño, y difícilmente pueden cambiar los sentimientos de nuestro corazón.

Amar al enemigo significa, antes que nada, no hacerle mal, no buscar ni desear hacerle daño. No hemos de extrañarnos si no sentimos amor alguno hacia él. Es natural que nos sintamos heridos o humillados. Nos hemos de preocupar cuando seguimos alimentando el odio y la sed de venganza.

Pero no se trata solo de no hacerle mal. Podemos dar más pasos hasta estar incluso dispuestos a hacerle el bien si lo encontramos necesitado. No hemos de olvidar que somos más humanos cuando perdonamos que cuando nos vengamos alegrándonos de su desgracia.

El perdón sincero al enemigo no es fácil. En algunas circunstancias a la persona se le puede hacer en aquel momento prácticamente imposible liberarse del rechazo, el odio o la sed de venganza. No hemos de juzgar a nadie desde fuera. Solo Dios nos comprende y perdona de manera incondicional, incluso cuando no somos capaces de perdonar.

La verdad es que Jesús no nos lo pone nada fácil, al contrario siempre nos está poniendo a prueba, siempre nos da una segunda oportunidad ante los acontecimientos que estamos viendo: la guerra de Ucrania, las leyes que últimamente está aprobando nuestro gobierno, por eso siempre hemos de ver si los “signos de los tiempos” somos capaces de verlos, aceptarlos y sobre todo darle un sentido evangélico. No es fácil, pero es lo que nos puede tocar en los tiempos que corremos.

Ojalá que seamos capaces de ver en los acontecimientos de la vida, la imagen y el signo de que Dios sigue presente y actuando en nuestras vidas. Ojalá que seamos capaces de descubrir en el otro la imagen de quien es el autor de la Vida, de nuestro padre Dios; ojalá que el enemigo se vuelva hermano y que seamos capaces de desterrar el odio que a veces ocupa nuestro corazón.

 

         Hasta la próxima

         Paco Mira

 



 

Escribe Paco Mira:

EL AMOR PUEDE PASAR POR UNA ALFOMBRA

 

            Creo que todos nos acordamos de aquellos tres jueves que alumbraban más que el sol. Pues este, en domingo, es el último por este año. Es el domingo de primeras comuniones, es el domingo de alfombras, es el domingo de la eucaristía. Casi diría que es el domingo de muchos olvidos: cada vez menos primeras comuniones, cada vez cuesta más hacer alfombras y cada vez menos gente en las eucaristías. ¿Qué nos pasa?

         Sin embargo, creo que no es para arrojar la toalla. La Iglesia, con el paso del tiempo, parece que siempre quería tener las Iglesias llenas y es curioso que Jesús empezó con doce (tenga o no una reminiscencia teológica o bíblica). Creo que ahora estamos como las primeras comunidades, estamos como en los primeros tiempos de la cristiandad, estamos en el primer anuncio después de dos mil años. Parece que no hemos avanzado nada, pero si ahora nos damos cuenta de las carencias, bendito sea Dios.

         Este fin de semana queremos recordar el sacramento por excelencia, el que da sentido a la vida de todos y cada uno de los cristianos. Donde compartimos, repartimos y celebramos la fe. El sacramento que especialmente Jesús dejó como recuerdo: “cada vez que hagan esto, acuérdense de mi”. Claro la pregunta es si realmente nos acordamos de él cada vez que lo celebramos, o simplemente estamos cumpliendo con uno de los mandamientos de la Iglesia. El amor, no ha de ser un imperativo legal, aunque legalmente debería ser una obligación, aunque moralmente sea una deuda con quien nos marcó el camino y a su vez es la Verdad y la Vida.

         Este fin de semana es el del amor fraterno. La crisis económica que nos invade hace que no podemos mirar hacia otro lado. En nuestro entorno nos vamos encontrando con familias obligadas a vivir de la caridad, personas amenazadas de desahucio, vecinos golpeados por el paro, enfermos que no saben cómo resolver problemas de salud personal o de medicación.

         Pero también es posible que vaya creciendo la solidaridad. La crisis nos puede hacer más humanos. Nos puede enseñar a compartir más lo que tenemos y no necesitamos. Se pueden estrechar lazos y ayuda mutua entre las familias. Puede crecer nuestra sensibilidad hacia los más necesitados. Podremos ser más pobres, pero podemos ser más humanos.

         Y en medio de la crisis, también nuestras comunidades cristianas pueden crecer en amor fraterno. Es el momento de descubrir que no es posible seguir a Jesús y colaborar en el proyecto humanizador del Padre sin trabajar por una sociedad más justa y menos corrupta; más solidaria y menos egoísta, más responsable y menos frívola y consumista.

         Es también el momento de recuperar la fuerza humanizadora que se encierra en la eucaristía cuando es vivida como una experiencia de amor confesado y compartido. El encuentro de los cristianos, reunidos cada domingo en torno a Jesús, ha de convertirse en  un lugar de concienciación y de impulso en la sociedad práctica.   

         La crisis no puede sacudir nuestra rutina y mediocridad. No podemos comulgar con Cristo en la intimidad de nuestro corazón sin comulgar con los hermanos que sufren. No podemos compartir el pan de la eucaristía ignorando el hambre de millones de seres humanos privados de pan y de justicia. Es una burla darnos la paz unos a otros, olvidando a los que van quedando excluidos socialmente. Seguro que tenemos que preguntarnos qué parte de responsabilidad tenemos todos y cada uno de nosotros en esa exclusión.

         La celebración de la eucaristía nos ha de ayudar a abrir los ojos para descubrir a quiénes hemos de defender y apoyar en estos momentos. Nos ha de despertar de la ilusión de inocencia que nos permite vivir tranquilos, para movernos y luchar solo cuando vemos en peligro nuestros intereses. Vivida cada domingo con fe, nos puede hacer mas humanos y mejores seguidores de Jesús. Nos puede ayudar a vivir la crisis con lucidez cristiana, sin perder la dignidad ni la esperanza.

         Hagamos alfombras, pisemos alfombras, pero no nos olvidemos que el amor desde el corazón hace que la fraternidad tenga el mismo denominador común que se llama Jesús de Nazaret. Olvidémonos del pasado como lastre que nos impide caminar en el presente, vivamos el presente como algo de lo que somos protagonistas y que además a los demás podemos ayudarles a ser también protagonistas.

        

        

         Hasta la próxima

         Paco Mira


 

Escribe Paco Mira:

ISIDRO Y EL AMOR

        El calendario, lo mismo que nos da, también nos lo quita. Los santos son los que nos van marcando el camino de la vida. Unas veces dejan la huella demasiado grande, otras más chicas, pero todos dejan huella. Isidro, patrón de Madrid, es el referente de los agricultores, de los que trabajan la tierra, de los que cultivan el lugar del que venimos todos, patrono de Madrid… ¡Qué bueno es que la gente reconozca las generosidades que la persona ofrece a los demás!.

         Es verdad que, en general, a las personas nos atrae lo nuevo. Como explica la sicología, nuestro cerebro está diseñado para prestar más atención a los nuevos estímulos que a los que ya nos son familiares, porque nos acostumbramos a “lo de siempre” y necesitamos algo diferente. Y de esto se aprovechan para incitarnos al consumo. Periódicamente encontramos en los comercios, en publicidad, etc… la palabra: ¡nuevo!, referida a productos de todo tipo, muchos de ellos de uso cotidiano. A menudo, estos productos apenas si se diferencian de los anteriores, sólo son “nuevos” en un aspecto, pero esto ya es suficiente para captar nuestra atención y que deseamos adquirirlo.

         Este fin de semana, Jesús nos propone amar. Seguro que si amamos como él lo hace, como lo hizo Isidro en su momento, no habrá mucho problema. Muchas veces se dice que al mundo le falta amor, y creo que no van muy desencaminados. El amor es veraz, como se nos dice, que “se amen los unos a los otros como yo les he amado”. ¡Qué complicado es amar con el corazón y no con la boca!. Y sobre todo acostumbrarnos a no amar, o amar a nuestra medida que casi siempre no es la medida de Jesús.

         Creo que el acostumbrarnos a hacer ciertas cosas sin sentirlas, es que esas cosas se echan a perder. Las tenemos tan asumidas, que pierden su sentido. Nos pasó en la semana santa. Quizás nos hemos acostumbrado a los gestos, a los signos y a los símbolos de nuestra fe, incluso a la Palabra de Dios. Como siempre han estado ahí, como siempre lo hemos tenido cerca, como los vemos tan a menudo, hemos dejado de captar su significado, ya no “nos dicen nada”, o no nos “estimulan”.

         Y quizás nos está pasando lo mismo con el tiempo de pascua: llevamos ya cuatro semanas y ya nos hemos acostumbrado de tal modo que ni siquiera nos fijamos ya en el cirio pascual y lo que representa. Por eso este fin de semana, Jesús nos insiste en que nos amemos los unos a los otros.

         El estilo de amar de Jesús es inconfundible. No se acerca a las personas buscando su propio interés o satisfacción, su seguridad o bienestar. Solo parece interesarse en hace el bien, acoger, regalar lo mejor que él tiene, ofrecer amistad, ayudar a vivir. Lo recordarán así los años más tarde en las primeras comunidades cristianas: “pasó toda su vida haciendo el bien”.

Por eso su amor tiene un carácter servicial. Jesús se pone al servicio de quienes lo pueden necesitar más. Hace sitio en su corazón (un corazón, el nuestro, muy ocupado en infinidad de cosas) y en su vida a quienes no tienen sitio en la sociedad, ni en la preocupación de las gentes. Defiende a los débiles y a los pequeños, los que no tienen poder para defenderse a sí mismos, los que no son grandes o importantes para nadie. Se acerca a quienes están solos y desvalidos, los que no tienen a nadie.

Lo habitual entre nosotros es amar a quienes nos aprecian y quieren de verdad, ser cariñosos y atentos a nuestros familiares y amigos. Lo normal es vivir indiferentes hacia quienes sentimos como extraños y ajenos a nuestro pequeño mundo de intereses. Hasta parece correcto vivir y rechazando y excluyendo a quienes nos rechazan o excluyen. Sin embargo, lo que le distingue al seguidor de Jesús no es cualquier amor, sino precisamente ese estilo de amar que consiste en saber acercarse a quienes lo pueden necesitar. Creo que no se puede olvidar.

Amigos, el reto es amar, ¿lo conseguiremos?

        

         Feliz Pascua

        Hasta la próxima

         Paco Mira


 

Escribe Paco Mira:

¿SEGURO QUE NADIE ES PROFETA EN SU TIERRA?

 

 Recuerdo a un suegro que le dijo a su yerno: "si quieres que nos llevemos bien, aquí en mi casa no se habla ni de fútbol ni de religión". Curioso porque el suegro era de misa diaria, de bendecir la mesa antes de comer, de rezar sus oraciones al levantarse y al acostarse, de santiguarse al salir de casa... no le quedaba ningún santo al que saludar.... pero no se podía hablar de religión. Ese tipo de acciones (quizás de suegros), me hacen pensar mucho.

Y me hacen pensar porque estamos en un mundo en el que tenemos que perder mucho de nosotros, para poder contentar a otros, para que no te clasifiquen, para que no te encasillen, para que no te tachen de lo que probablemente no seas, pero que te puede hasta dar vergüenza profesar delante de otros que - por ejemplo - compartes la fe dominicalmente.

Hablar de Ucrania, de lo mal que les va; hablar del paro, de lo mal que va; hablar del covid, de lo mal que nos va y no nos recuperamos; hablar del paro o del erte y que no vemos la luz al final del túnel... parece que es ser un profeta en nuestra tierra, pero de calamidades. Ser fiel a los principios que uno ha mamado desde pequeño, supone - a veces - no coincidir con los momentos cruciales que estamos viviendo, y se nos achaca de estar viviendo fuera de la realidad que nos ocupa.

Pero, quiero entender que si existiera un poquito de amor, del auténtico, del que no se compra ni se vende, del que no existe en cualquier tienda, del que se regala sin que exista una moneda de cambio... todos, absolutamente todos...seríamos profetas en aquellos lugares en los que frecuentamos y no tendríamos vergüenza de proclamar con claridad aquello que creemos.

Cuando hablo de amor, hablo del que es servicial, del limpio, del sincero, del que no se engríe, del que no es egoísta, de ese que hablaba un tal Jesús y que llegó a afirmar al entrar en la Sinagoga, que el Espíritu de Dios estaba sobre él. Quizás nosotros tengamos que preguntarnos si dejamos que el Espíritu de Dios, esté sobre nosotros.

Somos privilegiados por ser los escogidos. Dice la primera lectura, que nos han escogido desde antes de nacer; el bautismo nos lo ratifica y por ello el amor ha de ser la bandera que inunde nuestra tierra de la que tenemos que ser profetas. No todo el mundo lo entiende de esa manera. No importa: a tiempo y a destiempo; nuestro testimonio no tiene que estar condicionado por el que dirán. Todo lo contrario, tendrán que admirarse de lo que somos capaces de hacer más de lo que somos capaces de decir. El amor no solo se demuestra con palabras, sino con los hechos que son los que nos dan la seña de identidad.

Probablemente nuestras palabras y nuestros hechos, van a producir un rechazo en el ambiente en que nos movemos. Y más, en un mundo cada vez más secularizado y al que no le vemos por el momento vías de solución. Le pasó lo mismo a Jesús, pero él no cesó en su empeño. Todo lo contrario, llegó hasta el final, que fue lo que le hizo ser quien es.

El camino de Jesús fue un camino de paciencia, de entrega, de amor... porque el amor no pasa nunca. No es como la moda que en un momento determinado no nos sirve una pieza determinada. El que ama de verdad y con el corazón tiene garantizado el ser profeta en su tierra y en cualquiera; le permite hablar con libertad y denunciar con libertad y sobre todo le permite abrir las puertas del corazón para acoger a los pobres y a los sencillos de corazón.

         Hasta la próxima

         Paco Mira  


 

Escribe Paco Mira:

NO HAY MEJOR DESATASCADOR, QUE LA FUERZA DEL AMOR

 

 Si es que no se pone la cosa nada fácil. Alguien me decía que no hablara de la Trinidad porque es un misterio y si se habla de los misterios dejan de ser tales y se desvirtúa el contenido de los mismos. ¡Pues anda que la teología, a lo largo de la historia, no intentó explicar este misterio, que solamente a los ojos de la fe, puede tener explicación, pero que no deja de ser eso: misterio.

Recuerdo que un curilla de pueblo, le decía a los chiquillos del mismo: tengo un padre, que hace deporte y es médico, ¿tengo tres padres?. Noooo contestaban los niños, tiene uno que tiene la capacidad de ejercer tres cosas. Pues me gustó la explicación, por eso la recuerdo, y no se anduvo por las ramas con configuraciones teológicas en torno al misterio de la trinidad: uno solo que, por amor, resuelve todas las dudas y problemas y además nos acompaña por los caminos de la vida.

Si creemos en Dios, como Padre, es que no estamos solos ante el peligro. o estamos solos ante nuestros problemas y conflictos. Jesús lo llamaba Abba, y es que además nos ha creado a todos sólo por y con amor y es que además al final de nuestros días, nos esperará a todos con corazón de padre, con corazón amoroso.

Es triste ver como su nombre hoy es olvidado y negado por muchos. Nuestros hijos se van alejando de él o solamente lo recuerdan cuando los momentos de apuro les apremia y lo más triste es que los que todavía nos damos golpes de pecho no sabemos contagiarles nuestra fe, aunque sea débil y pequeña. Pero Dios, como Padre,  nos sigue mirando a todos y cada uno de nosotros con amor, aunque vivamos llenos de dudas e incertidumbres, no hemos de perder la fe en un Dios creador y Padre, porque si así lo hiciéramos habríamos perdido nuestra última esperanza.

Nos dice el Credo que creemos en Jesucristo y éste es el gran regalo que nuestro Padre nos ha dado y le ha dado al mundo. Jesús no será un hombre más, puesto que nos ha dicho en más de una ocasión cómo es el Padre. Viéndolo a él vemos al Padre. En sus gestos, en sus obras, en su mirada, captamos su ternura y su comprensión: sentimos en Jesús a un Dios humano, cercano y amigo.

Este Jesús es el que nos invita a construir una vida más fraterna y dichosa, que es lo que quiere el Padre. Porque si nos olvidamos de Jesús, ¿cómo podremos acceder al Padre?. No nos olvidemos que Jesús es el Camino, la Verdad  y la Vida.

Y como no podría ser de otra manera, creemos en el Espíritu Santo. Esa fuerza interna, no tangible, pero que nos empuja a que todos los días seamos el desatascador que necesita el mundo de hoy. Un Espíritu que a muchos nos hace sentirnos de otra manera y de otra forma para poder seguir dando testimonio en un mundo cada vez más sediento de amor verdadero.

Hace algunos años había un anuncio televisivo en el que se anunciaba como producto estrella "el tres en uno". Eso es la Trinidad. El mejor producto para desatascar el odio, el rencor, las rencillas, las peleas, la desunión... es el amor. Decía Agustín, el de Hipona que « ama y haz lo que quieras», claro si es que el amor es el motor que mueve aquello que de otra manera no se puede mover.

Con el amor, la Trinidad deja de ser un misterio. Ahora que muchos de los pequeños de nuestras comunidades hacen la primera comunión - ojala que no sea la última - enseñémosles a disfrutar y saborear lo que es el amor, pero el de mayúsculas, el que deja huella, el que no se borra, el que tiene nombre y apellidos, porque no hay mejor desatascador que la fuerza del amor

    

     FELIZ AMOR TRINITARIO

        Hasta la próxima

        Paco Mira


Escribe Paco Mira:


QUIEN QUIERE A QUIEN. BUEN LEMA ELECTORAL

             Dice el refrán que "del dicho al hecho, va un buen trecho", y si no que se lo pregunten a nuestros padres, que a lo largo de toda nuestra vida nos han estado corrigiendo cuando no es una cosa es otra. Pero no nos olvidemos que eso entra dentro del proceso de aprendizaje: no hagas esto, no hagas lo otro, estate quieto, ten cuidado con, dale un besito a los abuelos.... Pero lo dicho que del dicho al hecho....Probablemente en ese proceso de aprendizaje nos creemos lo suficientemente maduros como para no admitir las correcciones de nadie, o de casi nadie.
         Ahora que volvemos a tener elecciones, y que todos los partidos andan buscando una frase corta, impactante, significativa... que marque un poco lo que puede y debe ser su programa electoral; ahora que todos los partidos políticos nos vuelven a decorar las calles con las fotografías de los líderes que nos han de representar, resulta que Jesús viene, se mete en la campaña y también nos deja su frase: que se amen los unos a los otros como yo les he amado.
         Yo me pregunto, ¿hace falta un equipo de marketing para pensar esta frase?, ¿Es una frase lo suficientemente significativa que marque la vida de unos cuantos millones de personas?. Y da la casualidad que, pareciendo muy fácil de asimilar, es complicadísima de cumplir. Seguro que a lo mejor mis padres no tendrían que decirnos tanto lo que teníamos que hacer, sino que nosotros viéramos como ellos nos amaban y por eso haríamos lo que teníamos que hacer.
         Seguro que si los partidos políticos fueran como tendrían que ser, la frase de en esto conocerán que son mis seguidores, pues seguro que se cumplirían los programas que plantean, pero claro, Maestro solamente hay uno. Uno que ama, uno que sirve a los demás, uno que se entrega por todos, uno que tiene preferencia por los más desfavorecidos... y no le hace falta mucha campaña: solamente recordarnos que somos sus discípulos si hacemos lo que él nos dice.
         Pero claro, tenemos que ponernos al día. Vemos que cada vez más nos odiamos; cada vez más nos matamos cual animales sin escrúpulos y solamente con el afán de supervivencia; cada vez más las relaciones entre nosotros son más frías.... por ello es necesario crear y recrear un espacio nuevo: vi un cielo nuevo y una tierra nueva....La resurrección tiene que ser el punto de inflexión por el que somos capaces de crear un nuevo espacio en la historia.
         Jesús, a través del amor, nos invita y nos llama a participar de su maravilloso proyecto. Solo el amor es capaz de mover lo inamovible, solo el amor es capaz de poder buscar y encontrar la cantidad de ovejas que estaban perdidas o de perlas escondidas.
         ¡Qué me gustaría que nuestros políticos, en sus campañas y después también, actuaran por y con el amor!. Pero claro la debilidad de la humanidad del hombre, hace que del dicho al hecho... Por ello me gustaría que nos hiciéramos todos esta pregunta  ¿Quien quiere a quien?. Solo puede amar quien se siente amado.
          Y que seamos capaces de compartir un programa en donde los más débiles y necesitados fueran los dirigentes de nuestro país. Probablemente nos iría mucho mejor.
        
         Feliz  Pascua
         Hasta la próxima
         Paco Mira