Escribe Paco Mira:
LOS PROBLEMAS DE LA PRIMERA COMUNIDAD
Es algo similar a lo que hemos
escuchado en la 1ª lectura: “al crecer el número de los discípulos, los de
lengua griega se quejaron contra los de lengua hebrea”. Hasta ahora, se nos
había presentado una imagen idílica de la primera comunidad cristiana, como
vimos el Domingo II de Pascua. Pero, aunque todos eran judeocristianos, había
dos grupos: los de lengua hebrea, que provenían de Jerusalén, y los de lengua
griega, que provenían de las comunidades judías establecidas en ciudades
griegas, con diferente mentalidad. Esto, unido al crecimiento en número,
produjo tensiones y conflictos internos.
Era necesario buscar una solución, y los Doce convocaron “a toda la asamblea de
los discípulos”, es decir, a todos los integrantes de la comunidad. Podemos
decir que convocaron un ‘sínodo’, palabra que significa ‘caminar juntos’ y que
designa las reuniones en las que se tratan asuntos relacionados con la Iglesia.
Los Apóstoles tenían presente lo que Jesús les había dicho y hemos escuchado en
el Evangelio: “Yo soy el camino y la verdad y la vida”. Y que, por ese camino
que es Jesús, todos deben avanzar juntos, en sinodalidad, porque, como también
hemos escuchado en la 2ª lectura: “Acercándoos al Señor, piedra viva… también ustedes,
como piedras vivas, entran en la construcción de una casa espiritual…”
Y esto sigue siendo no sólo válido sino necesario para los que hoy somos y
formamos la Iglesia, tanto a nivel universal como diocesano y parroquial: como
hemos visto, a menudo resulta difícil coordinarnos, parece que cada uno sigue
un rumbo, y hay distanciamientos y tensiones. Por eso hemos de aprender de los
primeros cristianos a vivir la sinodalidad: «es el camino que Dios espera de la
Iglesia en este tercer milenio. No es una moda ni un método organizativo.
Significa caminar juntos como Pueblo de Dios, escuchando la voz del Espíritu,
discerniendo en comunidad y participando todos en la misión evangelizadora. Es,
en esencia, un modo de relación. Este estilo de ser Iglesia nos invita a pasar
del ‘yo’ al ‘nosotros’. La sinodalidad se fundamenta en la corresponsabilidad
de todos los bautizados, que son sujetos activos de la misión y deben discernir
su vocación bautismal».
La sinodalidad tiene un elemento básico que nos hace mucha falta: «la escucha
de la Palabra y la escucha de la comunidad eclesial. La escucha de la palabra y
de los otros es fundamental para el discernimiento personal y comunitario.
Escuchar a todo el Pueblo de Dios nos ayudará, como Iglesia a tomar las
decisiones pastorales que correspondan lo más posible a la voluntad de Dios».
Necesitamos «aprender a escuchar, ser humildes y dejarnos transformar por el
Espíritu».
Y como «la sinodalidad se fundamenta en la corresponsabilidad de todos los
bautizados, que son sujetos activos de la misión y deben discernir su vocación
bautismal», también necesitamos profundizar en la razón que dan los Doce para
convocar la asamblea: “No nos parece bien descuidar la Palabra de Dios para
ocuparnos del servicio de las mesas. Escoged a siete de vosotros…” Esto, para
nosotros, si queremos vivir la sinodalidad y evitar tensiones, es una llamada a
la corresponsabilidad de todos los miembros de la comunidad parroquial,
fomentando «una distribución más articulada de tareas y una mayor corresponsabilidad
entre los ministros ordenados y los otros miembros del Pueblo de Dios, de modo
que se evite caer en la tentación del clericalismo».
