Escribe Paco Mira:


PLATOS DE DISEÑO

         ¡Cómo han cambiado los tiempos!. Recuerdo, cuando era chico, que en mi casa, todos comíamos de lo mismo, no había distinciones. Mi madre “diseñaba” para la semana un menú, que probablemente no era el más equilibrado en lo que hoy se denomina una alimentación en su justa medida, pero que hizo posible que toda la familia saliera adelante y además sin enfermedades que puedan ser achacadas a la misma. Recuerdo que la comida que ella hacía no la copiaba ni de los programas de la tv (no había ese tipo de programas y en mi casa la televisión llegó un poco tarde), y muchísimo menos de las redes sociales que no existían. Ella lo heredó de mi abuela y bien sanos que hemos salido. Seguro que no había distinciones entre hidratos de carbono y grasas, etc. el potaje era el que era, la tortilla era como era y la carne era la que se consumía
         Claro: cuando yo veo hoy las sofisticaciones culinarias que aparecen en los medios de comunicación, como dirían los chiquillos, flipo. No digamos de los nombres que aparecen en las cartas. Los que tenemos ya cierta edad y vemos ciertos nombres en las cartas, solemos decir que “vale más lo malo conocido que lo bueno por conocer”, que no como algo que no conozco por aquello de que igual no me gusta. Y si miramos la cantidad, seguro que hay mucho plato y poca cantidad, con lo cual los que somos de comida seguro que al llegar a casa siempre añadimos algo al estómago puesto que las tripas nos marcan un cierto compás.
         Bueno y no digamos de los precios. Hay cartas y menús que no llegan al bolsillo de cualquiera y más en los tiempos que corremos. A veces uno se pregunta que lo básico, el pan nuestro de cada día, tiene que tener un precio desorbitado, pues a lo mejor sí. Recuerdo que un compañero de trabajo me dijo que iba a ir con su pareja a un restaurante de Barcelona a un menú de degustación. Que el precio era de cerca de trescientos euros por cabeza y que estuvo en la lista de espera cerca de un año.
         Se preguntarán que por qué cuento toda esta historia culinaria. Este fin de semana es el “Corpus Christi”, el cuerpo de Jesús. Uno de esos jueves que alumbraban más que el sol y que al final lo hemos pasado al domingo. Y me da la impresión que esta festividad se ha quedado como un mero plato de diseño. Me explico. A veces le damos más importancia a las alfombras, a las procesiones con el santísimo, a que los chiquillos vayan con el traje de la primera comunión los que la hicieron en este curso,… al plato… y nos olvidamos que el protagonista de nuestra historia no es caro, que no tiene un nombre que no invite a ser comido, que no tiene lista de espera para poder recibirlo. Vale más la calidad que la cantidad.
         Me huelo que todavía nos hemos quedado en viejas reminiscencias del pasado – incluido el nombre – y por ello a muchos no les dice gran cosa; estamos invitando a infinidad de colectivos a realizar alfombras que no pisan una iglesia desde su bautizo y que lo único que realizan es un escaparate para decir que colaboro con aquello a lo que me han invitado, y como eso muchas cosas más.
         Me gustaría que esta festividad sea la festividad de un plato de diseño (Jesús) asequible para todo el mundo; que su condimento sea el apreciado y valorado por aquellos que lo hemos probado en más de una ocasión; que su nombre sea el de tantos y tantos que se ven reflejado en su rostro y que entregan su vida a las bienaventuranzas en favor de los más desfavorecidos. Que no sea una festividad en la que sea un desfile de modelos, sino un desfile de los comprometidos en el reino de los cielos, pero en esta tierra.
         Feliz día del Corpus
        
         Hasta la próxima
         Paco Mira